martes, 22 de abril de 2014

ACERCA DE LOS CONTRATOS EDITORIALES

Dada la indefensión que rige las relaciones entre las editoriales y los escritores que no sean Gabriel García Márquez o J.K. Rowling, suelen verse en las redes sociales consejos del tipo “Cómo negociar con una editorial”. Se han publicado en Amazon algunos manuales sobre el particular que ofrecen, por menos de un euro o poco más de un dólar, los secretos para sacar partido de ese acuerdo sellado que tantas veces termina como el rosario de la aurora.
Tales  tratados siguen la línea de los clásicos “Cómo hacerse rico”. Si el gurú de turno convence a un millón de lectores, al final solo uno se hará rico y el otro millón seguirá como estaba.
Hace unos días una escritora notable, Mercedes Pinto, avisaba en su blog sobre los riesgos, asociados a la cautividad, de firmar con una editorial después de triunfar como escritora por libre. Lo normal es que los autores exageren los éxitos, y sus resultados económicos, para fomentar la autoestima y la admiración general. Así que el artículo de Mercedes ha puesto las cosas en su sitio. Al parecer a algunos no ha gustado que les hagan bajar de las nubes. Vanitas vanitatis.




El problema no es el contrato
En mi opinión poco se puede aconsejar sobre contratos con cesión de derechos. El problema no reside en el contrato sino en lo que viene a continuación. Coincido con Blanca Miosi. Blanca aconseja que se evite publicar con editoriales porque estas empresas —sobre todo en la crisis actual— dan gato por liebre con una frecuencia aterradora. Lo del gato-liebre es de mi cosecha. Siempre que no seas Boris Izaguirre o José María Aznar.
La secuencia consiste en que la editorial te entrega un cheque no muy generoso como adelanto sobre derechos. Es previsible no cobrar nada más en las liquidaciones anuales. También es posible que acabes debiendo dinero a quien ha comprado tu propiedad en un plazo de 5 a 15 años. Y lo compense con el encargo de otro libro. Si la editorial es mediana o pequeña no habrá cheque. Es más, intentará que contribuyas al negocio. Bien pagando las presentaciones, bien corriendo con las labores de promoción.
Si has tenido la fortuna de nacer en el país de John Le Carré o de Tom Wolfe —es decir, en un lugar con menos picaresca empresarial que España— quizás no llegues a tener un castillo en Escocia o un rancho en Texas. Pero vivirás dignamente de tu trabajo.

Recomendaciones gratuitas
No habrás de gastar menos de un euro, o poco más de un dólar, en un ebook con las claves de la negociación editorial. Si no quieres que te tomen el pelo, puedes conseguir gratis los conocimientos necesarios en páginas como esta:



Mi experiencia en estas lides es instructiva. Dos ejemplos:
1º En 1988, gané el premio Negocios ficción otorgado por Caja Postal. Al poco tuve que citar al editor, ajeno a la Caja, en el despacho de un notario amigo. Si yo aceptaba que los 18.000 euros —traduzco las pesetas de entonces—se considerasen anticipo de derechos, Hacienda se llevaba más de la mitad. Si, como firmamos, el premio era independiente de los royalties, estaba exento de impuestos. Como propina saqué al editor un cheque-anticipo de unos 1.800 euros. No volví a verle.
2º En 2011, tras obtener otro premio de narrativa convocado por Ediciones Oblicuas, firmé un contrato muy sencillo. Me dieron 750 euros —¡cómo ha caído mi caché con los años!—. Hicimos una presentación sin coste en un centro cultural de Madrid, que llené con amigos y familiares. Había una barra con bebidas a buen precio. Al cabo de dos años improductivos aproveché que la editorial ofrecía  el libro en formato digital, algo que no constaba en el contrato, para recuperar los derechos.
Podría referir otros casos curiosos, propios y ajenos. Pero este artículo no pretende sentar cátedra sobre contratos. Moraleja: “¿Quién mejor que tú?”. Siempre que no seas Arturo Pérez Reverte o María Dueñas. Entonces da igual. Todavía hay clases.

11 comentarios:

  1. Creo que a día de hoy, la única ventaja que se puede obtener de una editorial es la distribución. Son malos tiempos para el binomio autor-editor, pero buenos tiempos para los escritores en general, cuyos medios para llegar a los lectores se han diversificado. Las opciones son muchas.

    ResponderEliminar
  2. Lo lógico, Mayte, sería obtener buena promoción de marketing, buena distribución y entrevistas en los medios. Para eso debe servir una editorial. Sucede que estos privilegios se reservan para los más vendidos, sea cual sea su calidad literaria. Tuve oportunidad en 1990 y 1991 de disfrutarlos gracias a una excelente profesional: la responsable de comunicación en Temas de Hoy. Ella sola se encargó de todo el trabajo de promoción y lo hizo muy bien. Se trataba del Premio Papagayo para un ensayo de humor. No es tan complicado ni tan costoso, sobre todo si el autor ayuda. Pero la editoriales, incluso las más grandes, echan poca imaginación al asunto. Tienen mentalidad funcionarial y el riesgo les da pavor.

    ResponderEliminar
  3. Fíjate si soy pazguata que cuando publiqué el artículo jamás pensé que molestaría a algunos compañeros por el hecho de que contar la verdad en primera persona y con datos pudiera hacerlos "bajar de las nubes". Ay, madre, pero si ni siquiera había nubes. Publicar este artículo me ha hecho comprender muchas cosas y me ha desvelado aspectos desconocidos de algunos conocidos. Gracias por tu testimonio y por hablar claro, estamos faltos de honestidad.

    ResponderEliminar
  4. Aunque suene vulgar, Mercedes, a veces es cierto eso de "quien se pica ajos come".

    ResponderEliminar
  5. Hoy por hoy, creo que la única ventaja de publicar con una editorial es la distribución y el supuesto "prestigio" que puede darte el que te respalde una editorial, en contraposición a esa idea (cada día más endeble) de que lo autopublicado es malo.
    En mi experiencia personal puedo decir que, aunque no me fue mal con mi primer libro y mi primera editorial en cuanto a distribución, de promoción cero patatero, todo lo hice yo. A día de hoy, Nunca fuimos a Katmandú no se encuentra en ninguna librería en papel, a pesar de que hay lectores que lo buscan. Solo está en ebook, porque lo subí yo y no puedo subirlo en papel porque los derechos siguen siendo de Viceversa, que de quedarle ejemplares, estarán enterrados en alguna parte hasta que cumplan los siete años.
    Ahora he publicado el libro sobre mi viaje a Nepal con una editorial pequeña. No hay adelanto pero tampoco pongo ni un euro y espero sacar algún beneficio, mínimo, seguro.Tenía y sigo teniendo dudas. Ya veremos qué pasa, ya os contaré. Eso sí, me negué a firmar por más de un año.

    ResponderEliminar
  6. El que está en las nubes respecto al tema editorial es porque quiere, basta con que sea inteligente y lea entradas como esta o como la de Mercedes Pinto para darse cuenta de esto es lo que hay. El problema es que somos humanos, y como tal, nos gusta tropezar con la piedra (¿cuántas veces?) porque ilusoriamente cuando leemos entradas como esta pensamos ¿Y si a nosotros no nos toca la piedra?. Pues toca, señores, la piedra está ahí y por ahora no se ven cambios. El otro día con Mercedes Pinto recordaba los momentos en los que dudábamos si firma o no, y al final lo hicimos, cada una por su cuestión particular, el problema es que la unión nos ha salido rana y no príncipe. Y yo me pregunto, ¿en verdad hay por ahí algún príncipe?

    ResponderEliminar
  7. Super interesante, gracias por toda la información.

    ResponderEliminar
  8. Muy a tener en cuenta lo que dices como complemento a lo que ya escribió Mercedes Pinto en su valiente artículo. Y estoy de acuerdo con vosotros. Pero sigo pensando que la distribución que proporciona una editorial es muy tentadora. ¿Debemos renunciar a probar suerte con una editorial? Parece que sí a juzgar por vuestra experiencia. Gracias por compartirla.

    ResponderEliminar
  9. Este negocio hace muchos años que funciona de una manera determinada y, aunque en los dos últimos años se han producido algunos cambios, el sistema está diseñado bajo el lema "todos ganamos algo", exceptuando al autor en ese "todos". Ya sé que lo que voy a decir ahora es difícil de conseguir, pero por lo mínimo habría que intentarlo: Los contratos deben tener una duración máxima de tres años y deberían estar sujetos al compromiso de edición de la editorial. Es lógico que si alguien vende los derechos de su obra a una editorial, ésta vaya haciendo tiradas durante todo el tiempo que dure el contrato; el problema es que esto no sucede; de modo que el autor debería exigir una cláusula que especificase que si tras "X" meses, el editor no ha hecho una reedición, el contrato queda extinguido.
    Nos queda mucho trabajo por hacer y muchos muros que derribar, pero todo llegará.

    ResponderEliminar
  10. Por mi parte no renuncio a nada, Profesor Boris. Pero hay que ser muy selectivo con las editoriales de toda la vida. Creo, Josep, que la clave es la elección de un buen editor con capacidad económica y ganas de promocionar. No necesariamente de gran dimensión, pero sí honesto. Que los hay.

    ResponderEliminar