jueves, 27 de marzo de 2014

Un café con Leo (4)


Mi invitada de hoy vive en Barcelona, concretamente en el barrio de Horta, muy, muy cerca de mi casa. Hemos quedado en uno de los locales más emblemáticos de la zona: la Taberna de Ali Baba. Aquí puedes comer una patatas bravas de p... , maravillosas, pero aún es temprano, de modo que tomaremos un café.
Ya la veo. Se acerca a paso rápido, con una amplia sonrisa colgando de su cara. Supongo que ya me ha visto. Parece maja.

Ella es Rosa Pérez, una correctora literaria profesional, capaz de encontrar errores y gazapos en cualquier escrito. Ha estudiado Traducción e Interpretación, además domina varios idiomas y tiene una destacada experiencia dentro del mundo de la corrección. Sus últimos trabajos incluyen un par de obras de autores de la AEI: Matar al mensajero y 88, la última generación. Si queréis saber más sobre ella, podéis acceder a su perfil profesional en este enlace.



Por cierto, un pajarillo me ha contado que escribe algunos relatos. ¿Estará pensando en pasarse al lado oscuro? Trataré de desvelarlo.


LEO: Rosa, qué puntual. Muchísimas gracias por acceder a tomar un café conmigo. Me han hablado maravillas de ti, en lo personal y en lo profesional. Tenía muchas ganas de charlar contigo. De verdad, es un placer.

ROSA PÉREZ: Gracias a ti por invitarme y por pensar que el punto de vista de un corrector puede ser interesante para algunas personas. Es una profesión en la sombra y no todo el mundo sabe el trabajo que hay detrás de una buena corrección.

LEO: Recuerdo que cuando era pequeño, tenía una profesora que me bajaba la nota de los exámenes si encontraba errores ortográficos. Siempre consideré injusto que no evaluara únicamente por los conocimientos, pero con el tiempo he entendido la importancia de ese tipo de evaluación. Si extrapolamos esta situación a la literatura, ¿crees que los errores ortográficos pueden echar al traste una magnífica historia?

ROSA PÉREZ: Bueno, igual que en el ejemplo de la nota de los exámenes que comentabas, creo que contenido y ortografía son cosas diferentes que se complementan y forman un conjunto. Si las puntuamos por separado y hacemos la media saldrá la nota final. Es decir, un examen y una novela pueden tener un buen contenido o una buena trama, pero si lo envuelves en unas construcciones gramaticales incomprensibles y una ortografía y puntuación deficientes, lo que queda apenas tiene valor porque no llega al lector. No va a entender lo que quieres transmitir y probablemente no tenga ni ganas de descifrarlo. A mí me ha pasado varias veces. Es posible que haya dejado de leer libros muy buenos por esa razón. También he de decir que hay diferentes tipos de errores y diferentes tipos de lectores. No todo el mundo reacciona igual y seguro que hay personas que no ven esos fallos aunque eso no exime al escritor, en mi opinión, de tener que ofrecer un producto perfecto. No hacerlo es, creo, una falta de respeto hacia el lector.

LEO: Deduzco entonces que hay lectores a quienes puede causarle rechazo leer una novela si encuentra errores. ¿Cuáles son los errores ortográficos más comunes de los autores?

ROSA PÉREZ: La puntuación es algo con lo que algunos escritores tienen dificultad, porque tienden a puntuar como hablan, y ponen comas y puntos donde ellos harían pausas en un discurso oral y no siempre es así. El tema de las preposiciones que acompañan a una palabra en concreto también es confuso. A veces también falla la concordancia entre tiempos verbales.

LEO: Una buena corrección no acaba solo arreglando los errores ortográficos. La corrección de estilo también es muy importante. ¿Podrías explicarnos en qué consiste y cuáles son los tics o vicios que debería evitar un autor?

ROSA PÉREZ: Creo que un autor debe encontrar su estilo propio, por simple que sea, y no intentar imitar a nadie. Todos admiramos a algún escritor en concreto y lo tomamos como referencia pero eso no significa que se le deba imitar. El lector no es tonto y se da cuenta de cuándo se es natural y cuándo no. El texto debe estar bien estructurado y los personajes deben ser creíbles en su papel. Nada debe ser gratuito y las cosas no pueden pasar porque sí. No se debe escribir “como se supone que se debe hacer”. La literatura, por suerte para unos y desgracia para otros, no es matemática y, aunque hay algunos “trucos” o recursos para hacer la historia más “apetecible”, no son infalibles y no son garantía de una historia de calidad. Hay escritores que tienden demasiado a usar combinaciones de palabras que se utilizan frecuentemente pero que, sin ser incorrectas, están muy manidas y le restan originalidad al escrito. Son combinaciones como “apoyo incondicional”, “en avanzado estado de gestación”, “con sumo cuidado”… Creo que debe encontrar la manera de decir lo mismo con sus propias palabras. Otro error que a veces se comete es no tener en cuenta el registro de los diferentes personajes y la voz del narrador. También algunos escritores tienen tendencia a “enrollarse” demasiado con explicaciones y descripciones superfluas e innecesarias que no aportan nada a la historia. No por hacerlo la narración va a ser más rica. A veces, menos es más.

LEO: Con la irrupción del boom de la autoedición y de los autores independientes, también ha crecido la oferta de correctores. Como en toda profesión, habrá buenos, malos o, incluso, algún que otro timador. ¿Qué debe hacer un escritor antes de contratar a alguien que no conoce?

ROSA PÉREZ: Creo que las referencias que a uno le puedan dar de un profesional cuentan mucho. En principio, cualquiera que trabaje en una agencia debe ser de fiar. Personalmente me ofrezco a corregir unas cuantas páginas de prueba para que el escritor valore el trabajo. A mí me lleva un rato hacerlo pero lo considero una inversión. Así el autor puede valorar el resultado y decidir. 

LEO: Entonces, ¿quién debe evaluar al corrector?

ROSA PÉREZ: Creo que el propio autor sabe ver si las sugerencias del corrector tienen sentido o no. A veces el corrector le da unas pautas y el escritor no las utiliza porque no quiere, porque le gustan las cosas a su manera. Pues la última palabra la tiene él, a no ser que todo venga marcado por los criterios de una editorial.
 
LEO: Se han dado casos en que la editorial le ha pedido al autor la obra ya corregida. ¿Crees que empieza a haber una profesionalización de los autores?

ROSA PÉREZ: Para empezar, creo que una persona que se dedique a escribir debe tener unos conocimientos muy buenos de la lengua que utiliza. Eso se consigue informándose continuamente y leyendo muchos libros de calidad. No concibo un escritor que no lea o al que no le interese aprender. Pensar que como un corrector tendrá que revisarlo todo después uno tiene la licencia de escribir lo que quiera y como quiera es equivocado. La tarea del corrector es corregir y no reescribir. De ahí a que el autor deba dar su obra perfecta a la editorial… Se supone que ellos, además de comercializarla, proporcionan toda la ayuda necesaria para que el producto final sea perfecto. Está claro que, si no se tiene editorial, todo tiene que correr a cargo del propio autor.

LEO: ¿Te has planteado escribir algo y publicarlo?

ROSA PÉREZ:  Creo que empecé a escribir con cuatro o cinco años. Me explico: cuando yo apenas sabía escribir mi nombre hacía garabatos en un papel, en horizontal y de izquierda a derecha, como si fuesen palabras y frases. Incluso las puntuaba. Por supuesto, allí no ponía absolutamente nada y siempre me decepcionaba cuando le preguntaba a mi madre si aquello quería decir algo y me respondía que no. A lo largo de mi vida he escrito tres o cuatro diarios y durante varios años asistí a talleres de escritura, que me despertaron el gusanillo de escribir. Alguna vez me he planteado intentar publicar los relatos que tengo por ahí pero me pasa algo común, creo, que es no tener la seguridad de que lo que he escrito vaya a gustar a alguien. Ahora cualquiera puede publicar lo que quiera en las plataformas digitales pero la pregunta es: ¿me gustaría publicar a toda costa, aunque lo que haya escrito sea de baja calidad o solo quiero hacerlo si creo que de verdad el texto vale la pena? O, dicho de otro modo, ¿quiero hacerlo por vanidad, para presumir de que tengo algo publicado y decir que “soy escritora”, o porque de verdad quiero que el lector disfrute? Aún estoy buscando la respuesta a esa cuestión.

LEO: Y si así fuera, ¿contratarías unos servicios externos de corrección o la harías tú misma?

ROSA PÉREZ: Es fácil ver la paja en el ojo ajeno y muy difícil en el propio. Cuando lees tu propio texto muchas veces puedes tender a pasar por alto errores que otro lector vería más fácilmente. Está claro que, por mis conocimientos, el escrito tendría cierta calidad en cuando a gramática, etc. pero nunca está de más otro par de ojos.

LEO: ¿Cuánto tiempo requiere una corrección? No sé, digamos que una obra de trescientas  páginas.

ROSA PÉREZ: Nunca he calculado cuántas horas me ha llevado corregir una novela. Quizás debería pero creo que no quiero hacerlo. Corrijo varias horas al día, tres o cuatro, y voy haciendo pausas para no perder concentración. A menudo tienes que buscar cosas que no ves claras y también lleva un tiempo y, como lo compagino con el cuidado de la familia y otras actividades, no puedo dedicar ocho horas diarias a la corrección. De todos modos creo que es mejor así, porque como hago esto porque me gusta y no por obligación, escojo cuándo lo quiero hacer. Si quieres un cálculo aproximado del tiempo que lleva una corrección de trescientas páginas te puedo decir que sería, en mi caso, unas tres o cuatro semanas si trabajo unas cuatro horas diarias. Claro, siempre depende de la dificultad de la corrección y lo laboriosa que sea.

LEO: Al hilo de la pregunta anterior, estaba pensando yo... Los correctores cobráis por conteo de palabras o por un número total de páginas, ¿no es cierto? ¿Es un sistema justo? Déjame que me explique... Imagínate que te presento una novela de trescientas páginas para que me la corrijas y encuentras doscientos errores ortográficos. En cambio, otro autor te entrega una novela de la misma extensión en la que solo hay diez errores. Habrás leído la misma extensión pero habrás corregido mucho menos.

ROSA PÉREZ: Esa es una buena pregunta…

LEO: Lo sé, suelo hacer muy buenas preguntas.

Rosa suelta una sonora carcajada y me dedica un gesto simpático. Aún entre risas, me da su opinión:
  
ROSA PÉREZ:  Te doy la razón en eso. Leer tendrás que leer igual, pero el tiempo que invertirás es diferente, evidentemente. Si un autor se ha tomado la molestia y el interés por entregar su escrito tan pulido como ha sido capaz y eso repercute en el esfuerzo (o falta de él) que tiene que hacer el corrector debe tener su recompensa. Yo primero valoro el trabajo que me va a suponer la corrección y hago un presupuesto. De todos modos siempre hay un mínimo porque, imaginemos que el texto no tiene ni un solo error. ¿Querría decir que no tengo que cobrar nada? Cuando corriges no lees por placer, sino que lo haces buscando el fallo y eso conlleva un esfuerzo y un tiempo. Hay unos baremos por palabras, matrices o páginas pero yo lo calculo por página corregida en Times New Roman 12 a un espacio y medio.

LEO: Oye, ¿qué ocurriría si te llegase un trabajo lleno de errores léxicos, gramaticales y sintácticos? ¿Aceptarías el trabajo o le dirías al autor que se dedicara al baloncesto?

Rosa vuelve a reír. Eso quiere decir que está cómoda. Le dedico una de mis mejores sonrisas mientras se recompone para contestar.

ROSA PÉREZ: Bueno, yo no me considero con autoridad para decirle a nadie que se dedique a otra cosa, aunque puedo tener mi opinión. Por lo que sí puedo optar, si veo que tengo que reescribir la novela entera, es negarme a corregirla, ya que estaría haciendo un trabajo que no me corresponde y que, seguramente, no se me pagaría.

LEO: Bueno, Rosa, he pasado un rato estupendo hablando contigo, pero me tengo que marchar. Espero que ninguna de mis preguntas te haya incomodado.

ROSA PÉREZ: Para nada. Ha sido un placer. Pero otro día tenemos que pedirnos unas bravas y unas cañitas, ¿eh?

Le doy un par de besos para despedirme. Rosa huele muy bien... ¡Mola! Pago los cafés y observo cómo se aleja. Veremos si se gira una última vez...

Llega al semáforo, se sube el cuello de la chaqueta y empieza a cruzar la calle. Se gira, levanto la mano y sonríe. ¡Bang, bang!




12 comentarios:

  1. Muy buena entrevista, Leo. Gracias por darnos a conocer a Rosa y los entresijos de una buena corrección. Este es un tema siempre candente entre autores independientes. El problema suele ser el desequilibrio que existe entre lo que cobra un autor independiente por su obra y las tarifas de una buena corrección. Es por ello que hasta ahora no teníamos muchas opciones. Pero eso está cambiando y cada vez son más los correctores que ofrecen sus servicios a precios asequibles para una obra que va a ser vendida por 1€. Coincido con Rosa en que no es lo mismo un texto que cae en sus manos muy pulido, a que esté plagado de errores.
    Personalmente, aprendí mucho mientras escribía mi novela, y reconozco que empleé mucho tiempo despejando dudas y buscando en manuales de gramática y ortografía. Aún sigo en ello. Me gusta aprender, y creo que esta tarea debe formar parte de todo aspirante a escritor.

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    1. Eso es cierto, Mayte, de las dudas se aprende. Muchas veces escribimos con convencimiento, guiados por la lógica y eso nos pasa factura.

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  2. Mayte, yo soy muy consciente de ese desequilibrio y personalmente doy diferentes facilidades al escritor. Creo que el del corrector es un trabajo poco valorado. Si te dan a corregir un libro de doscientas páginas con pocos errores (pongamos que has encontrado cincuenta) y le cobras por la corrección unos 350€, el escritor puede pensar que es demasiado porque ¡solo había cincuenta fallos! pero tú te has pasado un montón de horas leyendo, mirando el texto con lupa y comprobando cosas. Claro, cuánto te cunda el tiempo depende de tu experiencia. No puede ser que a un corrector le salgan las horas de trabajo a menos de lo que cobraría, por ejemplo, una asistenta y eso se debe entender. Como siempre, la última palabra la tiene el autor, que para algo es el dueño del texto, y es quien decide si corregir o no corregir. Por cierto, escribes muy bien. Se nota que eres cuidadosa.

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    1. Es un trabajo mal pagado, eso es cierto, aunque el autor está mucho más mal pagado. El trabajo de meses se convierte en una lotería.
      Gracias por tomar ese café. ;)

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  3. Una buena e interesante entrevista, Josep, y excelentes respuestas de Rosa. Muy de sentido común lo que dice y dicho además con la experiencia que le otorga su trabajo. Sé por experiencia propia lo difícil que es encontrar tus propios fallos y sé cuánto tiempo cuesta revisar una novela, es un trabajo tedioso y que requiere mucha atención. El equilibrio entre coste y qué espera uno de su obra es cosa del autor, pero un trabajo bien hecho y bien presentado debe ser un objetivo irrenunciable. Creo que ese objetivo se está cumpliendo cada vez más entre los independientes, aunque todavía quedan muchos que se lanzan a la piscina sin saber nadar bien. Gracias.

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    1. Del mismo modo que un fontanero debe invertir en herramientas eficaces para desarrollar su trabajo, el autor debe ponerse las pilas para ofrecer un producto óptimo.

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  4. Muy buena entrevista, Leo, te estás consolidando como reportero, jeje.
    Y las respuestas de Rosa muy interesantes y de sentido común.
    Saludos to every body!

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    1. Gracias, Lola. ;) Le estoy cogiendo gustillo a esto de las entrevistas, es cierto.

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  5. Me gustó conocer a Rosa y más sobre su trabajo. Muy buena entrevista.

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  6. Saludos. Excelente blog. Aquí en Venezuela, donde vivo, la profesión de corrector está incluso peor pagada que en España. Por eso yo he tomado la decisión de aceptar solo trabajos con los que sé que me puedo divertir. Vamos, que si no me voy a ganar una fortuna, al menos espero sentirme a gusto durante todas las horas que requiere un trabajo de esta índole. Eso, porque tengo el beneficio de contar con una segunda carrera, que es la que me da de vivir. Pero todo esto me lleva a la duda de la pregunta final. ¿Es ético prestarse a corregir un trabajo con tantos errores que prácticamente necesitaría ser reescrito? ¿Lo correcto es recomendarle que se dedique al baloncesto?

    Yo creo que ni lo uno ni lo otro. Al igual que Rosa, yo pienso que como correctores no debemos creernos con la potestad (incluso si nuestra función de lectores críticos podría permitirnos esto) de decidir quién debe escribir o no. Porque esta es una carrera que, como cualquier otra, tiene diferentes postas de crecimiento. Puede que un escritor llegue a nosotros apenas rozando las primeras etapas que se requiere transitar para volverse un buen escritor. De seguro, todos los que a día de hoy escribimos, empezamos haciéndolo pésimo a ojos de lo que piden las editoriales. Pero el estado actual de nuestro trabajo en nada tiene que ver con el posible estado futuro, sobre todo si estamos dispuestos a continuar mejorando. Por ello es que me parece crucial que todo corrector tenga un sentido ético de su trabajo y entienda que cobrarle a escritores novatos es casi una estafa.

    Lo que yo suelo hacer es decirle que inviertan ese dinero, muchísimo mejor, en talleres de escritura, libros, tanto del género que escriben como teóricos, y cuanta cosa más que pueda contribuir al mejoramiento de sus letras. Afortunadamente esta es una de las profesiones basadas en la estética que nada tiene que ver con la edad. Mientras que una supermodelo difícilmente podrá comenzar su carrera a los 43 años, un escritor puede publicar su primer libro a los 90. Así que no hay apuro si lo que queremos es que nuestro primer trabajo sea de calidad.

    Debido a las facilidades de la autoedición, hay muchos escritores publicando trabajos inmaduros que, tras unos 5 años, les resultan vergonzosos, por la evolución lograda en este tiempo, y prácticamente quieren esconderlos de su currículum profesional. Para que esto no nos pase, es necesario enfrentarnos un tanto a la realidad y saber que si nuestro texto no es bien visto por lectores profesionales es porque, probablemente, todavía estemos a un par de postas antes de llegar al anhelado espacio de la publicación.

    Eso sí, esto hay que tomárselo con criterio científico. No porque un solo corrector o lector profesional nos diga que nuestro trabajo no está a la altura, quiere decir que tenemos que creerle. Que, como dice Leo, esta profesión también está llena de muchos charlatanes, e incluso los menos charlatanes de la profesión han ignorado y rechazado trabajos tan increíbles como el de Proust, en su época, a quien ahora nadie se atreve a juzgar negativamente. Así que lo más sano en este tipo de casos es buscar una segunda opinión, tal como si nos hubiesen dado un diagnóstico médico desalentador. Las cosas no tan bonitas hay que irlas asimilando por pasos.

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  7. ¡Qué buena entrevista, eh!
    Me ha parecido muy interesante lo que Rosa nos ha compartido; y gracias a ti, Leo, por este tipo de publicaciones.

    Un fuerte abrazo, desde México :)

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