jueves, 6 de marzo de 2014

Mi primera Dama: Anne Perry (su obra)



Anne Perry y su amiga Pauline Parker en 1954
 En la entrada del pasado mes os hablaba de quién era Anne Perry. Hoy os quiero contar qué escribe esta singular autora.

Su estilo literario refleja profundamente su personalidad, ella misma cuenta: Empecé escribiendo sobre Londres Victoriano por una sugerencia de mi padre acerca de quién podía haber sido Jack el Destripador y me di cuenta que estaba totalmente absorta por lo que pasaba en las vidas de las personas que rodeaban a un acusado durante el proceso de la investigación. Esto me llevó a pensar que ella recordaba el drama en el que había sumido a su familia, sin obviar el propio. La influencia de su pasado la reconoceremos a lo largo de toda su trayectoria literaria, en la que la culpa y el perdón son, con frecuencia, protagonistas.

Su obra es muy extensa y está dividida en series, con personajes que irán evolucionando a lo largo de los títulos. Una protagonizada por Thomas y Charlotte Pitt y otra por William Monk, están ambientadas en la Inglaterra victoriana, la primera en 1881 y la segunda en una época anterior, en el año 1856 coincidiendo con el fin de la guerra de Crimea (1854–1856), en la que Gran Bretaña se enzarzó en una lucha contra los rusos. Ambas empieza a escribirlas al final de los años 70 y principio de los ochenta del siglo XX.

En 2003 apareció una nueva serie, esta vez ambientada en la I Guerra Mundial, protagonizada por los hermanos Reavley; la historia comienza con el asesinato de los padres, y coincide cronológicamente con el hecho que desencadenó la guerra: el asesinato del Archiduque de Austria. Esta vez abandona la niebla londinense para llevarnos a Cambridge y a las trincheras del escenario bélico que describe con una crudeza y un realismo sobrecogedor.

Sin perder de vista la personalidad de la autora me centraré en su obra y si hago referencia a un hecho que, seguramente la propia Anne Perry quiere soslayar, como es el asesinato de la madre de su amiga, no es para recreo morboso, sino porque creo que de no haber sucedido su obra sería distinta. Sus personajes son receptores de unos sentimientos, que bien podían reflejar los suyos en el pasado.

Los actores de Anne Perry:

La primera novela publicada en 1979 llevaba más de diez años escrita, pero el conjunto de la obra deLos crímenes de Karter Street, por ejemplo, saca a colación a una enfermera inglesa que es un personaje real —Florence Nightingale (1820-1910)— que regresó triunfal a Inglaterra en 1857, después de haber participado en la guerra. Dedicó el resto de su vida a promover su profesión. Fundó una escuela de enfermeras que lleva su nombre. En 1861 fue llamada por el gobierno de la Unión para que organizara sus hospitales de campaña. En 1858 Florence Nightingale fue la primera mujer miembro de la Statistical Society y un año más tarde publicó Notas sobre hospitales y posteriormente, Notas sobre enfermería, dedicada a las amas de casa. En 1860 crea la primera escuela de enfermería en el Hospital de Santo Tomás con 15 alumnos. A los 63 años la reina Victoria le otorgó la Royal Red Cross y, en 1907, fue la primera mujer condecorada con la Order of Merit.
Anne Perry en las series Pitt y Monk es tan homogéneo que parece estar sacado de una gran obra primaria que la autora ya tenga elaborada en su fantasía o incluso sobre papel, de tal manera que a veces mezcla personajes. En las primeras páginas de

Reflejo el personaje de Florence Nightingale porque parece fascinar a la autora, ya que aparece en las dos series victorianas.

En la primera novela publicada presenta una familia con tres hijas, un padre respetable y respetado, Edgard, que ejerce su autoridad hasta la censura del pensamiento y que será el hilo conductor de su discurso feminista respecto a una clase de hombre que, lamentablemente en mayoría, rodeaban a la mujer del siglo XIX y la reivindicación consiguiente estará presente en todas sus novelas. Son personajes cotidianos, de ahí el corte costumbrista de la novela de Perry. Curiosamente la primera serie, que se desarrolla cronológicamente más tarde, parece desenvolverse en cánones más conservadores.

Anne Perry sabe utilizar muy bien los recursos literarios que permiten formar una imagen sin decir qué debemos pensar, y generalmente lo consigue. ¿Qué podríamos pensar de alguien que tiene un comportamiento semejante?: Edgard entró en la sala de estar, se dirigió hacia la chimenea y se colocó de espaldas al fuego, impidiendo que el calor llegase a los demás. Los crímenes de Carter Street, pág. 20. Plaza & Janés 1996, Barcelona. Así sutilmente va dibujando a cada uno de ellos. Emily refleja la mujer equilibrada y simpática, romántica pero más racional que impulsiva en sus decisiones afectivas. Sara será la portadora de las tradiciones familiares, podría decirse que es el superyó freudiano de la familia. Naturalmente debe morir; es un lastre difícil de arrastrar una mujer joven que antepone los valores educacionales y de obediencia a la naciente rebeldía femenina de la época. Y así solo quedan los personajes fuertes femeninos: la terrible señora Ellison, abuela de la protagonista y madre de Edgard, el padre de Charlotte y Caroline, su madre.

La abuela es la amargada sistemática, la caricatura de ese sentimiento de negatividad que vemos con frecuencia a nuestro alrededor y al que nunca queremos parecernos. Es lo antagónico a la ruptura total de dos clases de valores en Caroline y Charlotte, tema que también preocupa mucho a la autora: la lucha de clases, que también estará presente en toda su obra, incluida la dedicada a la I Guerra Mundial, hecho que, curiosamente desencadenó los hechos de su adolescencia, porque la madre de su amiga aduce la diferencia de clases para impedir la amistad. Pero sigamos con los protagonistas.

Caroline representa hasta cierto punto algunos de los valores de Sara, la hermana de Charlotte, pero es mucho más liberal emocionalmente que su hija. Cree realmente en lo que defiende, aunque sabe que es injusto. El punto de rebeldía que le falta lo adquiere al enterarse de «algunos asuntillos»  de su marido... La evolución de Caroline a lo largo de la obra es asombrosa.

Charlotte, la protagonista, es el impulso, la lucha por la libertad. Se va a vivir al eslabón inferior buscando los valores auténticos, que parecen ser potestativos de este estrato, aunque en sus paseos al escalón inferior ejerciendo la obligada caridad de la época a los suburbios y chabolas, marginales y marginados, también predomina la envidia y el miedo, pero ella no parece verlo. Aquí empieza la proyección de Anne Perry, parte de sí misma viaja de la mano de Charlotte, pero en su obsesión por las clases, no puede prescindir de todo lo que ha representado para ella su infancia, su forma de vida. Para eso Perry creará a Vespasia, que dará salida a ese sentimiento de forma magistral; lo es todo: guapa, influyente, aristócrata y valiente, pero, claro, es vieja. La autora no puede permitirse una escisión tan fuerte. Lady Vespasia aparecerá milagrosamente a través de un casamiento de Emily con un Lord.

Pero si los personajes son el plato fuerte la salazón es la justicia y la persigue desde el principio reflejando su carencia en todas las áreas filosóficas y sociales del momento, que conformaba una política represiva y reprimida en la que las apariencias son la razón de ser de unos pocos, y la supervivencia, la de la mayoría. Todos conocemos la época Victoriana (1837-1901)  como un momento que impregnó a Europa de subordinación al que dirán y a las apariencias porque, si bien Inglaterra era la cuna, la situación era parecida en muchos países, excepto la corriente liberal de Francia, a la que había salvado la bohème de buena parte de esa represión.

El feminismo es otra de sus reivindicaciones políticas, si es que las tiene; a lo mejor no es más que su particular forma de ser, lo cierto es que en sus novelas los hombres están «a medio hacer». Ninguno se salva: Pitt es guapo, trabajador, honrado y todo lo demás pero… es poco inteligente, y no es elegante. En cambio los personajes femeninos tienen fuerza, matices de individualidad y si no fuera por la sociedad, que impide el normal desarrollo de la mujer, serían ellas quienes gobernarían el mundo «haciéndolo más justo e igualitario», pero tienen que disimular su «superioridad» para que ellos sean felices. (Párrafos entresacados de su obra)

Sin embargo, su espíritu progresista choca con la moral sexual, algo que no lo parecía en un principio, y me di cuenta cuando comencé a leer la serie del detective William Monk y Esther Latterly, en la que presenta a una heroína liberada y curtida por la guerra. Pero en una de sus actuaciones más brillantes, Monk le pide que sea su mujer y ella, naturalmente, cae rendida a sus encantos. Será casual que el libro en el que solicita Monk su «licencia para besar» se llame Sepulcros blanqueados, Ediciones B, 2000. Hay una cierta rendición a la moral en este hecho. Posiblemente refleja la realidad de la época, en la que la mujer tenía reivindicaciones más urgentes que el derecho al propio cuerpo. Al final le daremos la razón a Maslow cuando afirma que «las necesidades del ser humano están jerarquizadas y escalonadas de forma tal, que cuando quedan cubiertas las necesidades de un orden, es cuando se empiezan a sentir las necesidades del orden superior». Abraham H. Maslow (1908-1970).

Hasta tal punto los hombres de Anne Perry son «defectuosos», que el detective William Monk deberá hacer tabula rasa para poder recobrar la sensibilidad. En la primera novela protagonizada por él, aparece como un hombre herido en un accidente de cabriolé. Otra obsesión en las novelas. Hacía 20 años que en Inglaterra funcionaban transportes públicos a vapor que podían recorrer hasta unos 25 kilómetros. Nuestros protagonistas siempre van en cabriolé. 

Pero volvamos al detective Monk. Este hombre que solo es portador de un cuerpo, ya que no recuerda nada de su pasado, se encuentra de repente con un empleo de policía, un jefe que le odia y al que se supone él odiaba, unos compañeros que le miran con miedo como si fuese una persona sin escrúpulos, duro y escalador, con un pasado de ingratitud hacia su progenitor. Hijo de un pescador que aprende a pescar fuera del mar. Pero no importa, podemos fundirlo y hacer de él un ejemplo de moral y virtudes a cambio de que no despunte mucho en la inteligencia, eso sí, vamos a vestirlo bien y en este caso Anne Perry hace alguna concesión al sexo masculino.

Eso parece decidir la autora cuando nos enseña su personaje, pero en la siguiente novela, Luto riguroso, Ediciones B, 2001, que es donde surge el enfrentamiento de Monk con su jefe y que lo llevará a nacer de nuevo. Será un detective solitario y sin pasado, que iniciará una relación con una cargante enfermera, discípula de la señorita Nightingale, que poco a poco será su único pasado y futuro.

En lo que respecta a la historia, es fiel reflejo de ella. La guerra de Crimea sucedió en el periodo (1854-1856) y la serie empieza precisamente en 1856, recién terminada y con las secuelas vivas todavía en la sociedad británica, de esta forma su personaje femenino Esther Latterly, enfermera voluntaria de la guerra que estuvo en una de las batallas más destructoras de la contienda, representa a la heroína que Perry lleva dentro. He aquí su carta de presentación: Quiero que sepa que no me importa caminar a una distancia de dos pasos detrás de un hombre siempre que el hombre camine dos pasos más aprisa que yo. El rostro de un extraño, Ediciones B, 1998.

Solo me queda por añadir algo obvio: me ha encantado y espero transmitir mi entusiasmo por una forma de escribir y describir que te transporta a una fantasía evasiva y reconfortante porque siempre ganan los buenos, que ya está la vida para que pase lo contrario.

Dedicar unas palabras para agradecer a los traductores que han sabido encontrar la palabra exacta en castellano, pero como en todo, hay una excepción: Gemma Morales, traductora de Venganza en Devil’s Arce, Plaza y Janés, 1998, que tiene la osadía de traducirlo por Parcela del diablo, cuando a través de toda la obra se utilizan los nombres en inglés. La traductora elimina uno de los encantos de la serie de Pitt, que recorre de forma circular, todos los barrios de Londres. El resto de la novela no recuerda el vocabulario victoriano ni en sueños. Espero tener la suerte de verla editada con otra traducción.

La serie dedicada a la I Guerra Mundial no vale la pena reseñarla porque ahondaríamos en lo mismo y carece de los matices que hacen de esta mujer una autora irrepetible. Lástima que ya no escriba, pues los años no perdonan ni a los genios.
Tampoco voy a poner aquí los nombres de las novelas, puesto que es un dato que, como todo, está en Google. Este análisis no, este es mío y ha nacido de la lectura de estas cincuenta novelas de Anne Perry, varias veces.

12 comentarios:

  1. Compartir un análisis como este de la obra de Anne Perry es muy de agradecer. Se nota el entusiasmo de Mercedes Gallego por esta autora.

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    1. Es verdad, Manuel. Menos mal que no es una reseña para Amazon, que si no creerían que estoy comprada, porque visto los aires que corren...
      Gracias por comentar.

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  2. Estoy de acuerdo con Manuel: se te nota la pasión, Mercedes. Gran post. Muchas gracias. Por cierto, creo que, al igual que sucedió con Anne Perry y el asesinato de la madre de su amiga, todos los que escribimos hacemos que nuestros personajes reflejen sentimientos que son los de sus creadores, por la experiencias vividas, ¿verdad? Dijo alguien que "cuando uno escribe una novela, escribe su biografía?
    Un beso.

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    1. Es inevitable y deseable, Eduardo, porque la proyección de nuestros valores o de nuestras frustraciones hacen creíbles a esos seres de papel que, sin un pedacito de nuestra alma, estarían vacíos y desprovistos de ella. Yo soy una obsesa de la justicia, que no de la ley, y todos mis protagonistas lo son.

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  3. Me ha encantado, un entrada excelente. No he leído nada de Anne Perry, pero subsanaré el error muy pronto!

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    1. Pues los tengo en papel y el digital. Cuando quieras y sin gastar un duro te los paso. Te va a encantar porque tiene un toque romático que es lo que hace que Perry guste a tanta gente.

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    1. Si todo el mundo pensase así me darían en Planeta, pero ya ves, el único que tengo es la Luna en Aries y el Sol, que no es planeta, en Sagitario.
      Gracias, Francesca, sé que lo dices de corazón.

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  5. Un análisis profundo de la obra de Anne Perry. Excelente, Mercedes, aunque sigo sin animarme a leer algo suyo. Me ha dado que pensar esto has dicho sobre sus novelas "siempre ganan los buenos". Me pregunto si esta frase se podría trasladar a su vida.

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    1. Eso de que siempre ganan los buenos es una característica del género policiaco que no comparte el género negro, por eso lo resalto. En fin, Mayte, veo que te cae gorda esta señora, pero si leyeses un libro suyo estoy segura de que sabrías separar a la persona de su obra y te encantaría.
      Yo estoy nerviosa por la que se me viene encima y ayer empecé de nuevo a leer uno de sus libros. Esta autora tiene la virtud de relajarme, es como la buena música.
      En todo caso, gracias por tu comentario.

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  6. Me gustaba esta autora pero desde ya mucho más, se nota que la conoces a fondo. Gracias por mostrárnosla de esta exhaustiva manera. Un besote

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  7. Mercedes es erudita en novelas policiacas. Hay que seguir su buen gusto. Le agradezco esta segunda y apasionada entrega sobre esta autora tan compleja.

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