jueves, 13 de febrero de 2014

Libros de aprendizaje: de Sandokán a Guillermo Brown

Por circunstancias de la vida, en las últimas semanas he tenido que visitar con frecuencia la que fuera casa de mis padres ahora deshabitada.
Allí permanecían muchas de las novelas que me indujeron al amor por la literatura. En estos días los he sacado de la estanterías, contemplado y apilado como último homenaje antes de que alguien los destruya. Nadie quiere libros viejos. Y yo no tengo sitio para conservarlos. Son las primeras obras que leí sin orden ni concierto. Pero sí con avidez. En una España de posguerra donde los libros, la radio, el cine de barrio en sesión continua y los juegos de mesa o de calle permitían evadirte de la cruda realidad.
Para no convertir este artículo en un catálogo iniciático, me centraré en cuatro de los autores.
Por orden cronológico de nacimiento: Julio Verne, Emilio Salgari, Edgar Rice Burroughs y Richmal Crompton. Un francés, un italiano, un estadounidense y una británica. Tres inventores de epopeyas más una representante del humor inglés, si bien ha destacado en género tan distante como el terror.

El capitán Nemo contempla a un
amenazador calamar gigante



Julio Verne



















En un ranking de preferencias, mi número 1 sería la creadora de Guillermo Brown. A continuación el autor de Veinte mil leguas de viaje submarino, y       después los creadores de Sandokán y Tarzán.                                                                               
Todos ellos prolíficos. Crompton y Burroughs vivieron muy bien de su vasta producción. El americano acabó creando editorial propia y fue precursor del marketing viral. Hizo triunfar a Tarzán en libros, cómics y películas, desoyendo a quienes le prevenían de que quien mucho abarca poco aprieta.

Edición para coleccionistas. Un
Tarzán lejano a Johnny Weissmüller
                                                       













Edgar Rice Burroughs







De Crompton he sabido cosas hace bien poco. Por aquel entonces pensaba que era hombre. Igual me daba su sexo. No tenía el menor interés por conocer su ideología o visión de la vida. Faltaban décadas para la llegada de Google. Documentarse era ciertamente engorroso. Me limitaba pues a disfrutar y reír con las primeras travesuras de Guillermo y todas las que siguieron.

Primer título de Guillermo Brown
                                                                   



Richmal Crompton

















Tampoco había reparado hasta ahora en que Salgari era lo menos parecido a sus héroes Sandokán y Corsario Negro. Un tipo con canotier, bigotes engominados y condecoración en la pechera. A pesar de su aspecto aburguesado acabó suicidándose.

Con esta novela nació el tigre Sandokán


Emilio Salgari



















El más aventurero de los cuatro fue Verne. Los estudiosos destacan sus asombrosas predicciones, fruto del estudio y de la intuición.
Con el dinero de pagas o regalos, ampliaba mi biblioteca personal. También los Reyes Magos contribuían. Incluso cuando se convirtieron en padres.
Más tarde, o al tiempo que los citados, asaltó mi vida interior otro revoltijo de escritores. Entre ellos Dumas, Christie,  o Allan Poe. No desdeño a Bécquer, quién me produjo más de un escalofrío cuando leía en la cama las Rimas y Leyendas más góticas.
No voy a abrumaros con retazos biográficos, que podéis encontrar fácilmente si os interesa bucear en estos autores. Quería transmitiros el recuerdo revivido de tantas aventuras, muchas de las cuales me persiguieron luego en cine y televisión.
En esta era virtual se ha apagado el interés hacia Guillermo Brown. Me pregunto si mis nietos, cuando empiecen a leer, lo pasarán tan bien como yo con ese chico, perteneciente a una clase media-alta marcada por la hipocresía, que soñaba con ser proscrito y de hecho organizó su pandilla antisistema para regocijo de sus fans. Entre ellos Fernando Savater y John Lennon.
Hoy parece perdida la batalla de esos héroes frente a los videojuegos y el manga.

Os animo a contar qué autores despertaron en vosotros la pasión por leer y enseguida por escribir. ¿Conserváis algunos de aquellos libros?

11 comentarios:

  1. ¡Qué tiempos!, ¡pero qué tiempos! He sufrido una regresión al pasado, de esas de lagrimilla nostálgica. Has expuesto todos los libros que formaban parte de mi librería juvenil. Me leí y, aún conservo, los 32 libros de la colección de Guillermo el proscrito, toda la saga del Corsario Negro de Salgari y una colección de de aventuras de Alfred Hitchcock. Además, heredé de mi padre, todos los libros de la Colección Juvenil Cadete, una colección de color verde que recogía a la mayoría de los grandes clásicos. En ella, estaban todas las novelas de Julio Verne, Los tres mosqueteros, Quintin Durward, Las aventuras del joven Waverley, Bufalo Bill, Tom Sawyer, Robin Hood, La isla del tesoro, Ivanhoe, Dick Turpin, Oliver Twist… En fin, que no acabaría nunca.
    Todos estos libros me acompañaron desde los diez hasta los dieciséis años, aproximadamente. Luego empecé a experimentar con Hemmingway, Aghata Christie, Poe, etc…
    De verdad, qué tiempos…

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  2. Por suerte, tengo mucho sitio en casa para guardar libros, y he rescatado los que tenía en casa de mis padres y que leí de pequeña y de adolescente. El primer libro que recuerdo haber leído era de Snoopy, cuando nadie sabía quién era ese perro. Tenía unas letras enormes.Luego seguí con "Los Cinco", "Puck", y más tarde con Stevenson, Verne, Defoe, Louisa May Alcott y de ahí, directamente a "El Proceso"de Kafka, claro que con 15 años me pareció un rollo sempiterno.

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  3. Recuerdo también una colección de Bruguera con todos esos títulos, Josep. Supongo que serían libros resumidos o adaptados para niños, pero era un buen comienzo. De los que citas, Mayte, me he perdido a "Los cinco", aunque parece que son algo repetitivos. Del resto, todos. Incluiría a Celia y Cuchifritín y a "Antoñita la fantástica", obras para niñas, lo que demuestra mi avidez lectora.Y Dick Turpin... así como centenares de tebeos y cómics.

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  4. Qué artículo más bonito, Julio. Te lleva al pasado que siempre se recuerda mejor de lo que fue. De los que has citado, a mí me gustaba Richmal Crompton y, ¡curioso! Yo también pensaba que era un hombre. Quiero añadir que en mi biblioteca también estaba una colección cursi como ella sola llamada Antoñita la fantástica, con institutriz hueso y perro Titerris, creo que se llamaba. La recuerdo entre chufas remojadas y chupando un huevo de azúcar, parecido al de las peladillas, que en el centro, como si fuese el núcleo de una célula, tenía otro caramelo más blando que parecía la llema. ¡Ah! La nostalgia que nos has metico en el cuerpo. Al menos a mí. Gracias, Julio, por hacernos recordar, que si hoy nos gusta leer, es porque un día nos enseñaron que el ocio no era solo jugar.

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  5. Lo cursi nos parece ahora entrañable, Mercedes. Me ha ocurrido con el Dúo Dinámico.

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    1. Te hablo de diez añitos, más adelante vinieron los de Hazañas Bélicas, tebeos que tenían mis hermanos y que yo devoraba. Ya de pequeñita me iba la marcha.

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  6. ¡Qué gran diferencia de gustos entre los niños y las niñas en la primera infancia! jeje... Yo recuerdo aquel descubrimiento de que los libros me transportaban a otro mundo y me permitían soñar leyendo un libro del perro Pluto, luego llegaría Dumbo, los cuentos de hadas y princesas y más tarde las aventuras de "Los cinco", Corín Tellado, jeje, hasta llegar a las inquietudes adolescentes y descubrir a Nietzche, Herman Hesse, Kerouack, Camus, etc. Aunque también tuve una época de Zane Grey y del Capitán Trueno.
    Bonitos recuerdos.
    Gracias, Julio!

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  7. Un repaso nostálgico de aquellas lecturas de «los clásicos». Yo, además de la mayoría de los que mencionas leía a Marcial Lafuente Estefanía. Un clásico de las novelas del oeste.

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  8. ¿Y quién no, Manuel? Yo tenía un tío muy culto, secretario en en la Biblioteca Nacional, que firmaba novelas del Oeste como Charlie Saint Cyr para sacarse unas pesetillas.

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  9. Debo tener un toque bisexual, Lola, porque también leí a Corín Tellado.

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  10. Yo también recuerdo con añoranza esa etapa, me encantaban las novelas de Bruguera que tenían parte de las paginas con ilustración, y recuerdo los Holisters, los cinco y los siete y de ahí pasé a beberme todo lo que encontraba en la biblioteca de casa de mis padres entre ellas todas la novelas de Agatha Christie y luego los premios Nobel....recuerdo ir al puesto de la esquina donde cambiaba novelas de Corin Tellado, que no me dejaban leer en casa jajaja qué tiempos

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