martes, 21 de enero de 2014

UN LUGAR, UN LIBRO






Descubriendo La Mancha; descubriendo a Don Quijote



Cada lugar en una novela es un espacio donde se percibe el entorno, y a partir de él se puede comprender al ser que lo habita.
La primera ciudad que me vino a la mente, relacionada con la literatura, fue París. El París de «Rayuela» de Cortázar, de «Los Miserables» de Víctor Hugo o de «Rojo y Negro» de Stendhal.
Me repuse pronto de este pensamiento para fijar mi objetivo en un lugar más cercano de cuyo nombre su autor no ha querido acordarse. No se me ocurre mejor forma de inaugurar esta sección, titulada «Un lugar, un libro», que explorando La Mancha de Don Quijote.

Como no tengo una máquina del tiempo, ni el Dr. Who tiene pensado pasar por aquí con su TARDIS (Time And Relative Dimensions In Space), he tenido que sacar la artillería pesada, en forma de enciclopedia dedicada a nuestro hidalgo, para traeros algunos apuntes sobre la vida y la sociedad de la España de Alonso Quijano, la misma España que siglos después haría de las aventuras de un loco soñador, honrado, inteligente y admirable orador, su libro más universal.

Allá se fue nuestro aspirante a caballero a principios del siglo xvii, vestido con la armadura de sus bisabuelos, dispuesto a encontrar un sueño idealista en campos castellano-manchegos, ávido de aventuras y heroicidades, en pos de una doncella en apuros o de bandidos y malhechores que asaltaban los caminos.

Salía a la aventura huyendo de la realidad doméstica.

Hidalgos, escuderos, cabreros, duques, doncellas, pícaros, galeotes, frailes, ventas, posadas y castillos son el reflejo fiel, aunque artístico, de aquella época.
El Quijote presenta, sobre todo, una visión social del ámbito rural, solamente interrumpida por el episodio de Barcelona, lugar donde nuestro hidalgo finalmente se verá reflejado en el demoledor espejo de la realidad.
La Mancha era una tierra de molinos de viento, labradores, pastores, tratantes de ganado y mercaderes de seda.

En cuanto a los caminos o los pueblos, es curioso que no se encuentre en toda la novela ninguna descripción, tan solo las emociones que vierten los personajes al evocar las referencias de cada lugar.
Sin embargo, sí sabemos que las ventas tienen un papel importante en la obra. Se describen como lugares poco confortables donde los venteros podían robarte hasta los calzones al menor descuido. Allí se reunían arrieros, caballeros, prostitutas, viajeros, cuadrilleros de la Santa Hermandad y todo cuanto cabía en el imaginario cervantino.

En el aspecto gastronómico, parece ser que Don Quijote no pasaba hambre, aunque sus escasos recursos no alcanzaban para grandes festines culinarios. Destaca en la novela la mención a la nutritiva olla podrida, que era una mezcla de verduras, carnes, aves, tocino, embutidos y todo lo que había a mano y que sirviera para dar un poco de sustancia al caldo.  

Vellones
Como sutil pincelada al aspecto económico, cabe destacar que un galeno ganaba 300 ducados, mientras que un barbero se llevaba al cincho 20 000 maravedís (53 ducados). Cada ducado equivalía a 375 maravedís y había monedas de medio ducado, de cinco, diez, veinte o cincuenta.
En el mercado se podía comprar un buey por 15 ducados, una ternera por 5 y un gorrino por 4. Sin embargo, estas no eran las únicas monedas en curso en tiempos del Caballero de la Triste Figura; también circulaban reales de plata, blancas, cuatrines, ardites, sueldos, vellones y otras muchas monedas que aparecen a lo largo de la novela.

En el contexto histórico, España vivía tiempos de declive. En un imperio en el que nunca se ponía el sol, comenzaban a divisarse las primeras sombras. Cervantes tendría su momento de gloria tras la victoria en la batalla de Lepanto, en la que participó y en la que perdería una mano. Volvió a casa curtido en el arte bélico a base de repartir estopa a los turcos, empecinados en dominar el Mediterráneo occidental. Años más tarde, el desastre de la Armada Invencible marcaría el principio de la decadencia de España como gran potencia, eso sin mencionar la interminable Guerra de Flandes, que consiguió vaciar las arcas de la Corona española y hundir la economía. Si a todo esto le sumamos la hambruna y la peste que asolaban por entonces aquellas tierras, tendremos un reflejo aproximado de lo que era la vida en tiempos de Miguel de Cervantes, tiempos de crisis económica y social que alentaban a la evasión de la realidad.

Nunca fue tan olvidado Cervantes y nunca nos ha hecho más falta que ahora. Son muy pocos los que pueden levantar la mano asegurando que han leído a nuestro Quijote. Su lectura no es obligatoria en la enseñanza secundaria, seguramente por eso de que «obligar traumatiza», aunque lo verdaderamente sangrante es que ni siquiera sea una lectura recomendada por el ministerio de Educación.


En casa siempre hemos tenido un tomo del Quijote, y recuerdo que de pequeña lo hojeaba solo por el hecho de que era el libro más voluminoso y el que más destacaba de cuantos había en la librería. Cuando crecí, me aventuré a zambullirme dentro de sus páginas, y descubrí la imagen entrañable de un viejo soñador cuerdo —«Yo sé quién soy»—, blanco de multitud de bromas y humillaciones, que aun así mantiene el ánimo y la ilusión que lo impulsaron a partir. La misma ilusión que su creador, porque, a fin de cuentas, en la literatura, como en otras cosas de la vida, nadie pone lo que no tiene. Cervantes fue un soldado en la guerra, sufrió cautiverio, soledad, fracaso y decepción. Con todo ello, dejó un legado a la humanidad en forma de genial parodia, de humor inteligente refugio de algunas almas desventuradas que, si se lo proponen, encontrarán entre sus páginas un analgésico ante los tiempos de desencanto social, político y cultural que, como al autor en aquella época, nos ha tocado vivir. 

Mayte F. Uceda

29 comentarios:

  1. Como manchega que soy, me siento más ancha que larga que hayas elegido a mi tierra para comenzar esta sección. Cierto que la obra de Cervantes antes era obligatoria y cierto también que le tomé manía por este hecho y no lo he leído, pero algún día lo volveré a intentar.
    Un artículo muy bonito y muy documentado. Me ha gustado el detalle de los dineros, ¿se llamaban así? Lo que sí puedo decirte es que hoy en día gana más un barbero que un médico y si no que se lo pregunten a José Luis.
    Felicidades por la entrada triunfal en tu sección.

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    1. Cuánta razón tienes Mercedes. De haberlo sabido antes, en lo tiempos de don Quijote, me hubiese hecho barbero. Hoy, para forrarse, lo que toca es hacerse famosillo en cualquier reality show.

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    2. Lo que falla en las instituciones educativas, Mercedes, es la metodología. Como le obligues a alguien en estos tiempos a leerse el Quijote, posiblemente te lo acaben tirando a la cabeza como si fuera un ladrillo. Pero es una pena el actual desconocimiento que existe hoy de nuestra obra más representativa.

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  2. Muy interesante el post, Mayte. Enhorabuena. A mí sí que me obligaron en el colegio a leer El Quijote. Lo hacíamos en círculo y puestos en pie. Cada niño leía un párrafo y daba paso al siguiente. La lectura duraba un año. Aquello fue poco práctico. No nos enterábamos de lo que de profundo tienen las ventura y desventuras del Ingenioso Hidalgo. Por eso, cuando lo leí de mayor fue cuando lo disfruté. A veces siento la necesidad de leer escenas que me reconcilian conmigo mismo. Por cierto, en alguna ocasión me he empeñado en conocer el enterramiento de Cervantes sin conseguirlo. Fue enterrado en el convento de las Trinitarias en pleno corazón del Madrid de los Austria. Su hija profesó en ese lugar de clausura. Como es sabido Cervantes fue rescatado tras su cautiverio en Argel por monjes de la orden Trinitaria y por ello siempre les estuvo muy agradecido. He preguntado a la madre abadesa y a alguna que otra monja del convento sobre el enterramiento. Siempre responden lo mismo: "Sabemos que está enterrado aquí pero desconocemos donde". Pero en los mentiremos de la Villa dicen que sí, que lo saben, que hay un lugar (que no es la capilla) donde reposan los restos del gran escritor alcalaíno. Mantienen el secreto, dicen, para evitar las interminables peregrinaciones que se producirían de gentes ávidas por conocer la tumba de don Miguel lo que daría al traste con el místico ambiente de recogimiento y oración de las pocas monjas que ya quedan en ese recoleto lugar sagrado. Cuando reiteradamente las religiosas del convento de las Trinitarias, cuyas ventanas enrejadas miran de reojo a la bulliciosa calle Huertas, me han negado lo que ellas, sin duda, saben, me he dicho para mí mismo: "Con la Iglesia hemos topado, amigo Sancho".

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    1. José Luis, me parece muy interesante lo que dices: "A veces siento la necesidad de leer escenas que me reconcilian conmigo mismo". Lo he oído decir a otras personas y a otros autores. Por algo será.

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    2. Es para poner los pies en la tierra, de vez en cuando, y dejar de luchar contra molinos de viento pensando que son gigantes. Por eso y por algo más...

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  3. Me ha gustado especialmente esta frase, Mayte: "tiempos de crisis económica y social que alentaban a la evasión de la realidad". Nada nuevo bajo el sol. La picaresca, tan presente en esta obra y en otras del Siglo de Oro, también tiene plena actualidad. Eso sí, ha aumentado el status social de los desvergonzados.
    En mi etapa previa al bachillerato (creo que el curso se llamaba "Mayores") me tocó leer fragmentos de El Quijote junto a otros compañeros. Mucho más tarde descubriría lo útil y gratificante que es leer al propio Cervantes, Quevedo, Gracián y otros clásicos.
    Humor, crítica, la condición humana que poco ha cambiado a pesar de las tecnologías... Tuve que adelgazar mi biblioteca de papel, a causa de mudanza a piso más pequeño. Pero ahí permanece el Quijote ilustrado por Gustavo Doré. Y la primera obra gratis que me bajé al kindle ha sido el Buscón de Quevedo.
    La casa donde nació Cervantes puede visitarse en Madrid con decoración de la época, casi tal cual era.
    Gracias, colegui, por esta lección.

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    1. Cierto, Julio, la condición humana poco ha cambiado. Las tecnologías, los cambios de el entorno, la sociedad del bienestar... no son nada si lo comparamos con las grandes inquietudes de la humanidad, que siguen siendo las mismas que hace varios siglos. Por eso el mensaje que se extrae del Quijote sigue siendo tan actual.

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  4. Muy buen artículo, Mayte, y muy bien documentado.
    Me han entrado ganas de leer El Quijote, que yo, mea culpa, soy de las que jamás lo leyeron completo. En cambio mi hijo sí se lo metió pal cuerpo con entusiasmo y sin ser forzado por ente público ni privado :)
    ¡Todo queda en casa!

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    1. Ánimo, Lola. Siempre hay tiempo. Felicidades a tu hijo.

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  5. Creo que no hay mejor libro para comenzar una sección como esta. Tu artículo produce la sensación de que hay mucho que perderse si no lees esta obra fundamental en la literatura. Lo leí de estudiante cuando en la escuela el maestro recomendó una edición juvenil reducida que aún conservo. Más tarde, como regalo de boda, un amigo me obsequió con una edición de lujo, ilustrada, y he recurrido a ella de vez en cuando para disfrutar de este libro único. Enhorabuena por tu artículo, Mayte.

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    1. Sí, Manuel, esa era la sensación que quería transmitir. Yo le leí a mi hijo una versión infantil cuando éste tenía 5 años. Fue muy divertido. Conoció las aventuras del hidalgo muy pronto, y disfrutó mucho con algunas escenas que venían ilustradas con dibujos. Gracias por tu comentario.

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  6. Un excelente artículo Mayte y que me trajo a la memoria que, yo, también tuve siempre un Quijote en casa y también lo releía de vez en cuando (aunque no todo, solo algunas páginas) después de todo, ya en la tele se hartaban de reponer las andanzas del genial hidalgo "Don Quijote de la Mancha" bastante a menudo.

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    1. Gracias, Frank. Creo que antes había un tomo en casi todas las casas. No sé si las nuevas generaciones seguirán esa tendencia. Bueno, puede que lo tengan en digital ;-))

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  7. Excelente artículo.
    Mi hija lo leyó en inglés! Era el primer libro que tuvo que leer en un curso de Literatura Hispana en la universidad, en Canadá.
    No tenía idea que no es lectura obligada o recomendada en España. !Cosas que tiene la vida!

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    1. Buf, Marlene, leer el Quijote en inglés siendo de habla hispana debe de ser toda una experiencia. Un saludo.

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  8. Has retratado a la perfección esa España rural, de bandidos, comerciantes y charlatanes. Tras leer esta entrada, aún cobra mucho más sentido ese "En un lugar de la Mancha", una descripción sencilla y amplia a la vez. El hidalgo Quijote es un claro ejemplo de esos personajes que se comieron al autor.
    Por cierto, no me he leído El Quijote y dudo que lo haga.
    Enhorabuena!

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    1. Gracias, Josep, aunque déjame que insista en recomendarte encarecidamente que lo leas. Luego hablamos. :-))

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  9. Me encantó tu entrada porque yo soy de las que me tengo que reconciliar con el Quijote. Mi odio viene de mi época escolar donde nos obligaban a leer, éramos unos renacuajos, y ni entendíamos lo que leíamos, también en corro, como decía José Luís. De mayor he hecho varios acercamientos pero sin éxito. ¡Lo que traumatiza las lecturas inadecuadas! Prometo leerlo, Mayte o por lo menos lo voy a intentar de nuevo jajaja. Me encantó. Un beso

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  10. A mí me pasó lo mismo con La Regenta, María José. Es lo que suele pasar cuando nos obligan a leer algo. De todas formas, no creo que el Quijote sea una lectura para adolescentes sino para una etapa un poco más madura. Cuando lo leas intercambiamos opiniones. Un abrazo.

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  11. Magnífico trabajo inaugural, Mayte. Yo también soy de los que nunca terminé de leerlo (me da vergüenza reconocerlo). En cambio, mi hija no tuvo más "remedio" que hacerlo en un mes para un trabajo de literatura en su último año de bachillerato. Empezó maldiciendo su suerte y terminó alucinando con la obra universal.
    Un beso y felicidades.

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  12. Tranquilo, Eduardo, le pasa lo mismo a la mayoría. Seguro que tu hija se hizo una verdadera experta en el tema. Un abrazo.

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  13. Me ha gustado mucho Mayte. Hay que revivir a los clásicos que los tenemos muy abandonados.

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    1. Eso es, Olga, y tú lo haces muy bien en la sección de tu blog dedicada a los clásicos.
      Un beso.

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  14. Mientras la literatura vuela ensoñada, algunos recorren el camino terrestre del Quijote y otros navegan por el vinoso ponto de Ulises, porque ellos en su vivencias revelan el secreto del Ser

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  15. Y sin embargo...Sin Dulcinea ni Penèlope... Ningun Quijote ni Ulises desearían revivir sus hazañas

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