jueves, 23 de enero de 2014

El baúl de Lola: A vueltas con la autoedición


A día de hoy la autoedición ya no es un fenómeno novedoso. Es una realidad en el mundo literario actual, donde la proliferación de pequeñas editoriales y plataformas digitales como Amazon permiten que el sueño de publicar y codearse en las estanterías, tanto físicas como virtuales, con escritores de renombre, sea una posibilidad real al alcance de muchos autores  y pese a quien pese.


Sin embargo, todavía hay suspicacias, menosprecio y desvalorizaciones por parte del mundillo, llamémosle, cultural, ya sean editoriales (que ni comen ni dejan comer), colegas escritores o blogueros supuestamente entendidos en la materia. He llegado a leer en algún sitio de Internet que los autopublicados son escritores fracasados, rechazados por las editoriales y a los que no les queda otra salida.
Friedrich  Nietzsche

Incierto tanto lo uno como lo otro, como demuestra el éxito obtenido por muchos de ellos, mientras que otros han optado directamente por la autopublicación, sin intentar siquiera llamar a las puertas de ninguna editorial.

Quizá algunos deberían recordar que escritores de la talla de Edgar Allan Poe, Alejandro Dumas, Mark Twain o Ernest Hemingway, entre otros muchos, se vieron forzados a recurrir a la autoedición en sus inicios. ¿Alguien puede decir de ellos que sean malos o fracasados?

También Nietszche, tuvo que costearse de su bolsillo la publicación de una cincuentena de ejemplares de su celebérrima obra, Así habló Zaratustra. Y hay cartas de Dostoievski dirigidas a sus amigos en las que les solicita una pequeña aportación económica para poder sacar a la luz alguna de sus obras. Sin olvidar a Marcel Proust, que sufragó la publicación de En busca del tiempo perdido y Por el camino de Swan tras ser desestimado en una editorial por el mismísimo André Guide.
Ernest Hemingway

John K. Toole, autor de la magnífica novela, La conjura de los necios, optó por una solución más drástica ante la imposibilidad de ver su obra publicada y se suicidó.

Ahora, afortunadamente, no tenemos que llegar a esos extremos; ni siquiera vernos abocados a sufrir una depresión, porque en la época en la que nos ha tocado vivir las cosas son bastante más fáciles y hay otras opciones.

Felicitémonos por ello y demos tiempo al tiempo que acabará poniendo a cada uno en su sitio.





25 comentarios:

  1. Excelente reflexión en tu post y visión muy real de la actualidad literaria. Enhorabuena, Lola. Ya sabes aquello de: "Ladran Sancho, luego cabalgamos". Las editoriales grandes y sobre todo las pequeñas están nerviositas viendo como año a año caen las ventas en papel y crecen las descargas on line. Ahora son las editoriales las que rastrean las plataforma de edición on line buscando escritores de éxito para ficharlos. El futuro es incierto pero, desde luego, nada volverá a ser como antes.

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  2. Cierto, José Luís. Estamos viviendo un gran cambio en el mundo editorial y no hay marcha atrás. Y además estoy segura de que este cambio beneficiará a los escritores, y por ende, a los lectores.

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  3. Un artículo muy realista e interesante. No sabía que los autores que mencionas habían invertido sus dineros en publicar sus libros. Por fortuna hoy no hay que pagar para publicar, si acaso, para preparar la edición antes de subirla a las plataformas digitales y muchas veces ni eso, pues somos como Juan Palomo. Las editoriales hacen lo que pueden para sobrevivir en un mundo competitivo y en crisis, algunas ya disponen de su propia plataforma digital y otras utilizan las que hay para vender sus libros. Me encanta ver mis libros al lado de autores como Poe, Twain, etcétera.

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    1. Manuel, en muchos casos sí hay que pagar para publicar. Muchas de esas autodenominadas editoriales pequeñas son poco más que imprentas y cobran a los autores por unos servicios mejores o peores, dependiendo de los casos.
      Pero como bien dices, también tenemos la opción del Juan Palomo :)

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  4. Afortunadamente, Lola, hoy no necesitamos invertir nuestro dinero en sacar a la luz una pequeña edición de nuestras novelas para darla a conocer. Tenemos la gran suerte de vivir tiempos que favorecen la creatividad. Estamos rodeados de herramientas que nos permiten difundir nuestros textos a coste mínimo y eso supone una gran motivación y un privilegio que era impensable tan solo un par de décadas atrás. Muy buenas reflexiones. Felicidades.

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    1. Sí, Mayte, la verdad es que los escritores hoy en día somos unos privilegiados, si pensamos en las dificultades que tenían nuestros colegas en otros tiempos.
      Gracias, guapa.

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  5. Muy valiosa, Lola, la referencia a célebres autoeditados para quitar complejos. También me alegra saber que Amazon ha contribuido a reducir drásticamente el número de escritores suicidados. A Dürrenmatt no le sucedió. En su caso hubiera sido un suizidio :).

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    1. Julio, ya sabemos que la autoedición no es un invento de nuestros tiempos, viene de muy antiguo y muchos escritores la han utilizado.
      Lo que pretendía con este post es que nadie se siento menos que nadie por publicar sus propios libros y que los lectores también lo valoren.

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  6. Supongo que el recelo nace al ver emerger un mundo que no conocen ni pueden controlar (¡¡bendito mundo digital!).

    Y la verdad es que malos trabajos y malos profesionales los hay en todas partes: malas películas que gastan más en promoción que en producción, malos médicos que están sobre valorados, malos periodistas familiares de... Pero al final, el tiempo coloca a todos en el lugar que deben ocupar, las cosas caen por su propio peso :)

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    1. Totalmente de acuerdo contigo, María. Quizá la autopublicación incluso nos haga sentirnos más responsables y ser más escrupulosos con nuestro trabajo que otros profesionales que no se siente obligados a demostrar nada.

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  7. La autoedición es una realidad que no se puede ignorar. Y, como dice María Jeunet, malos trabajos y malos profesionales hay en todas partes. Supongo que a los médicos se les llama matasanos por ese mismo motivo.

    Yo debo admitir que tengo sentimientos enfrentados con el tema de la autoedición. Por un lado he sido cómplice de ello (la recopilación de relatos que hice en El Recreo con Lola Mariné y otros compañeros) y me pareció una excelente iniciativa. No podía ser de otro modo teniendo en cuenta la infraestructura que pusimos en marcha: gente muy buena tratando los temas de gestión y maquetación y todo el equipo de colaboradores haciendo valoración de los mejores textos para incluir en el libro. Inevitablemente, de semejante trabajo conjunto tenía que salir algo bueno y yo quedé muy satisfecho con lo que conseguimos.

    Por otra parte, es cierto que hay cosas por ahí sueltas que son para cogerlas con pinzas y tirarlas a la basura. No sé de dónde salió, pero en mi casa hay un libro autoeditado sobre la relación sadomasoquista entre dos hermanas llamado "Hechizo de amor hasta la muerte". Me parece un gran ejemplo para el enunciado "malos trabajos y malos profesionales": hablo de una obra en la que el autor redacta una introducción criticando con saña el elitismo de las editoriales y de cómo él se ha buscado la vida cuando nadie creyó en su trabajo y "mira dónde estoy ahora, listo, con mi libro autoeditado"... y es normal que ninguna editorial creyese en este sujeto. El libro es, con perdón, una auténtica mierda. No lo he llegado a terminar, lo terminaré por cuestión de principios. Pero no vale ni cinco pesetas.

    Y las cosas son así: la autoedición sin control, como la velocidad al volante, es un peligro. Hay gente con demasiado ego y poco criterio, gente que le dará algo escrito a un conocido impresionable y, ante una valoración desproporcionada e irreal, se henchirá de orgullo pensando que es el nuevo Luis Mateo Díez que necesitamos o el último gran autor de best-sellers por descubrir. No digo que haya que cerrarles la puerta en la cara a estas personas, no somos quién para hacer algo así, pero sí que hay mucho listillo suelto por ahí al que no le vendría mal una lección de humildad y un taller de escritura.

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    1. ¡Qué buenos recuerdos de aquella primera publicación con El Recreo, Adri!
      Y es cierto que también se publican cosas infumables, pero no solo en autoedición, sino que hay editoriales prestigiosas que también lo hacen solo por ganar dinero.

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    2. Tienes toda la razón, Lola. Me quedo con esta reflexión tuya a la espera de más contenidos que profundizan en la autoedición (y que, tal y como espero, terminarán de decantar mi balanza personal a su favor).

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  8. Muy buena entrada, Lola, conviene ir recordando que muchos de los "grandes" también comenzaron sus andanzas como autoeditados. Es tiempo de cambios y, aunque autoeditarse sin coste requiere mucho, muchísimo trabajo, porque terminas haciendo de todo, vale la pena.

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    1. Así es, Judith.
      La ventaja es que nosotros lo tenemos bastante más fácil porque contamos con muchas herramientas que nos ayudan.

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  9. Suscribo todo lo que nos cuentas, Lola. Somos una generación afortunada y la tecnología ha puesto a nuestra disposición herramientas de maquetación, de difusión, de edición y de venta que facilitan la expansión de nuestro trabajo. Posiblemente, aún estemos jugando en otra liga, pero muchos de nosotros mete más goles que los grandes “pichichis” de primera división, y esa es una realidad que nadie puede negar.
    Hay mucha gente metida en este mundillo: editoriales, agentes literarios, distribuidores, periodistas, etc.; gente que ha visto en nosotros una seria amenaza. Tiene su lógica, que algunos de ellos, tiendan a desprestigiar lo que no pasa por sus manos.

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    1. Josep, se teme lo que se desconoce y además viene pisando fuerte.
      No todos llegaremos a ser como los grandes que menciono en el post, pero seguro que habrá más de uno que dejará huella.

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  10. Podemos sentirnos afortunados por disponer de algunos medios que hubiesen sido verdaderos milagros en otros tiempos. Conviene reconocer, sin embargo, que la corriente digital arrastra bastantes autores y obras que se quedarían clavados a la primera criba seria por parte de correctores ortotipográficos. De ahí lo fundamental de conceder la importancia que tiene cuidar estos asuntos al máximo antes de publicar. Así se taparán muchas más bocas que vomitan en contra de los autoeditados.
    Fantástica reflexión, Lola. Besos.

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    1. Eduardo, solo nuestro propio trabajo está bajo nuestro control y responsabilidad y no somos quienes para censurar a nadie.
      Ahí están los lectores, que son quienes tienen la última palabra y ponen a cada uno en el lugar que le corresponde.

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  11. Tema de muchas aristas y conceptos encontrados, amiga. Siempre lo nuevo encuentra detractores y opuestos.
    Pagar la publicación es algo viejísimo; lo novedoso es el E-Book y la edición personal —maquetado, ilustración, etc—.
    La realidad es que la promoción es la dificultad actual para que los libros, autoeditados virtualmente, se vendan. Y esto pasa por el interés de las librerías y editoriales; porque, los lectores gustamos de visitar las librerías físicas, más que las virtuales, entonces de ahí que, aún, se necesita del libro impreso —y colocados en estantes— para alcanzar éxitos.
    Claro, con el tiempo esto irá cambiando. Para mí, el problema es de hábitos y comercio
    Gracias por compartírnoslo.
    Abrazo

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    1. José, es muy interesante para nosotros contar aquí también con la opinión de un lector.
      El libro físico está muy arraigado en nuestra cultura, pero el ebook se va abriendo camino.
      La dificultad está en que, aparte de unas pocas librerías, la mayoría no acepta libros de autores autoeditados. Y, ciertamente, la promoción es la parte más dura de nuestro trabajo.

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  12. Excelente tema el que nos sacar de tu baúl, Lola. Algo que siempre está en boca de todos y más en la actualidad. Como bien dices, los tiempos cambian y ahora no tenemos porqué pagar porque nos lean; a pesar de ello muchos escogen la autoedición en pape (pagando por publicar) y también lo veo una opción muy respetable.Lo que a cada uno le motive a publicar de una u otra manera es muy personal y por ello tiene mi respeto, aunque yo personalmente, nunca lo haría. Excelente reflexión, Lola.

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    1. Yo también me niego a pagar por trabajar, María José. Eso siempre lo he tenido claro. Pero como bien dices, es una opción y muy respetable para quien quiera y pueda permitírselo.

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  13. Haces muy bien sacando a la palestra el tema de la autopublicación, Lola. Los medios lo tratan cada vez con mayor profusión y eso es porque interesa. En mi caso, tal como dice María José, no pagaría por ver mi obra impresa, aunque respeto a quien lo haga. En digital, sin embargo, creo que sale más rentable para los escritores autopublicarse que entregar sus derechos a una editorial. No obstante, creo que, por respeto al lector, debemos ser muy exigentes con el cuidado de nuestros textos. He visto cosas en Amazon llenas de faltas de ortografía, de puntuación y de errores sintácticos, y comentarios de lectores quejándose por este asunto. El problema de la autopublicación es que muchas obras no pasan más filtro que el de su propio autor pero, como tú misma has dicho antes, los lectores son quienes ponen a cada uno en su lugar ;-)

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    1. Hola Rocío, es cierto que en Amazon cabe todo, bueno y malo. Pero si hubiera un filtro se convertiría en una editorial como cualquier otra en la que unos podrían entrar y otros no, ¿según el criterio de quién?
      La democracia es lo que tiene, igualdad de derechos para todos. Y el filtro nos lo tenemos que poner nosotros mismos. Lo cual es bastante dificil.

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