jueves, 9 de enero de 2014

De buenos principios y mejores finales

Hace unos días disfruté una vez más la película de Alfred Hitchcock, «Con la muerte en los talones». Entre las secuencias memorables, la persecución angustiosa de la avioneta a Cary Grant en un paisaje desolado. El vértigo de los protagonistas a punto de caer al vacío en  el monte Rushmore. 
Y ese momento semifinal del beso entre Grant y Eva Marie Saint. Habría sido un the end convencional  si el director no hubiera utilizado su talento para mostrarnos que el tren donde ambos viajan penetra en un túnel. Una escena cargada de sensualidad, invisible para la censura más afilada.

Los buenos finales no abundan en la literatura ni en el cine.
Tampoco los buenos principios. Se acepta que una frase o imagen acertada sirve para enganchar al lector-espectador y aumenta las posibilidades de que persevere en la trama. Me confieso adicto a las tres reglas clásicas de la narración: planteamiento, nudo y desenlace. Y además adoro las (buenas) novelas de intriga…
Cierto que la creación literaria no debe encorsetarse. De modo que no voy a criticar técnicas experimentales que no respeten esos cánones. Recuerdo un libro que abandoné nada más abierto. Mea culpa. Lo escribió un autor prestigioso, Antonio Muñoz Molina. Se titula «El jinete polaco» y ganó el Planeta en 1991. Pero el esfuerzo que me exigía como lector me resultó insuperable. Sobreabundancia de comas, ausencia de puntos y aparte. Estilo un tanto recargado para mi gusto. Me hubiera dado igual un principio perfecto. Fue tan elogiado por la crítica, a pesar de que el Planeta no suele ser lo mejor de cada escribidor, que no he confesado mi carencia hasta ahora mismo.
Para que nadie me considere ajeno al arte, reconozco que devoré «La metamorfosis» de Kafka. El autor checo no es nada fácil, a causa de los recovecos e interpretaciones que contienen sus novelas. Pero este inicio me pareció —me parece— de un humor irresistible:


«Al despertar Gregorio Samsa una mañana tras un sueño intranquilo, se encontró en su cama convertido en un monstruoso insecto. Se hallaba echado sobre el duro caparazón de su espalda, y al alzar un poco la cabeza vio la figura convexa de su vientre oscuro, surcado por curvadas callosidades. Innumerables patas, lamentablemente escuálidas en comparación con el grosor ordinario de sus piernas, ofrecían a sus ojos el espectáculo de una agitación sin consistencia».

 La maestría con la que escribe Kafka te hace imaginar con precisión la penosa situación del desventurado Gregorio, cuyo calvario acaba de empezar. ¡Cómo resistirse a conocer lo que sucede a continuación, las reacciones de la familia y los conocidos ante tamaña transformación!
Volvamos a la gran o pequeña pantalla. ¿Quién no ha celebrado aquella frase memorable que un viejo millonario dedica a un travestido Jack Lemmon cuando este pretende frenar su ardor aclarándole que es hombre?: «Nadie es perfecto». Un final perfecto de verdad.













Ahora me permitiréis citar mi penúltimo libro en ebook y papel, publicado en Amazon. Me refiero a El escritor caníbal. No pretendo equipararlo con las obras antes citadas. Pero en cualquier trabajo creativo si el principio significa un reto para mantener vivo al lector, varios riesgos acechan el punto final. Entre ellos el cansancio.
Tras horas y horas de elaboración y correcciones la fatiga puede llevarnos a rematar como sea, utilizando en ocasiones trucos del oficio. Desde que todo lo anterior ha sido un sueño, a párrafos efectistas que pretenden disimular el hartazgo del autor. Entonces merece la pena detenerse y dejar que el libro se refresque. También se refrescará la mente y abordaremos el desenlace con nuevas energías e imaginación.
«El escritor caníbal» termina exactamente como empieza. En el desenlace he pretendido un viento de esperanza. Un autor maltratado se rebela contra el infortunio y ve, en las peores circunstancias, la oportunidad para difundir a los cuatro vientos su talento escondido. Espero que me digáis si os ha convencido el principio y final en bucle.





21 comentarios:

  1. Interesante lección de cine y literatura. En especial, sobre el comienzo y el final de una obra, dos pilares básicos para conseguir la atención del lector-espectador y para que no se desmorone con un desenlace mediocre o precipitado.

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  2. Todos hemos sufrido esas dudas al principio y esas urgencias por terminar, Manuel. La improvisación es mala consejera en la creación artística.

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  3. Muy bien, Julio. Ahora solo nos falta que alguien nos diga como rellenar lo del centro de la novela y ya tenemos un manual. ¡Ah! Muy lograda la foto del beso, que esto estaba muy soso.

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  4. Hay mucha gente que solo lee el principio y el final, Mercedes.

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  5. Interesante post, Julio. Coincido en varias cosas: Que con Muñoz Molina me he aburrido en bastantes ocasiones; que sus méritos literarios no son para un Ppe de Asturias; que los P. Planeta son lo que son (como desgraciadamente ya ocurre con la mayoría) y que Kafka es un escritor genial y muy en especial su "metamorfosis" que llegó a obsesionarme a tal extremo que muchas mañanas me llegué a despertar muerto de miedo por si durante la noche me podría haber ocurrido lo que a Gregor Samsa. Otra cosa: los besos de las películas de hoy (tan húmedos) ya no tienen el encanto de los de otros tiempos. Los besos de Cary Grant o Humphrey Bogart eran besos de verdad, lo de ahora es una vulgar y peligrosa transmisión de gérmenes de una boca a otra. Y finalmente, lo del planteamiento, nudo y desenlace no va conmigo. Una novela puede empezar por el desenlace o no tenerlo o dejarlo abierto a la imaginación del lector y lo del nudo y el planteamiento va en gustos. Dos grandes escritores como Kundera o Murakami no siguen estas pautas y es una delicia leerlos.

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  6. En cuanto a las "reglas", quizás no me he expresado bien, José Luis. Llámalo principio, mitad y final (en las proporciones que sean). Pero está claro que todo empieza, se desarrolla y termina como la vida misma.
    Una película que en apariencia no sigue estas pautas, "Magnolia" (no el musical) me pareció fascinante. Que el final quede abierto no excluye que sea un final. No me refería a normas rígidas.
    Las artes plásticas escapan a estas consideraciones. Se puede pintar un cuadro en blanco con una mota de polvo en cualquier lugar, y si el marchante es bueno lo colocará a un precio estupendo.
    Por cierto, hace unos días me desperté convertido en ornitorrinco, pero era un sueño dentro de un sueño.

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  7. Todo está inventado y, a veces, una frase final convierte en genial algo que hasta ese momento era insulso. Considero que es muy importante dejar al lector con un buen sabor de boca -y con eso no hablo de un final feliz-. El planteamiento de cualquier obra debería atrapar al lector, porque de lo contrario, ya puedes tener un buen final, que el lector no llegará a leerlo. ¿Se puede decir por aquí que el planteamiento te ha de poner cachondo y que el final ha de ser orgásmico?
    El final recurrente de "todo fue un sueño" ya me lo prohibieron desde mis tiempos escolares.
    Por cierto, las reglas están para romperlas y el transgresor i/o innovador siempre tiene cabida.
    Excelente post, Maestre Julio.

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  8. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  9. Existe un consejo a guionistas para atrapar al espectador: "Empieza con una explosión nuclear y sigue in crescendo". Pero no hay que llegar a tanto.
    Se puede comenzar con un petardillo y narrar una historia emocionante.
    Más que a reglas he querido referirme a principios y finales, excepto en "La historia interminable" como su propio nombre indica.
    No sé si me explico, Josep.

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  10. Este blog se está convirtiendo en un imprescindible "libro de texto y estilo" para escritores. Estoy de acuerdo contigo, creo que, mientras no surja una opción mejor, la estructura clásica de la novela, planteamiento, nudo y desenlace, ha de respetarse. También estoy convencida de que un mal comienzo o un final mal atado puede echar por alto una gran obra en esencia. Por cierto, ese final de "El escritor caníbal" cerrando en círculo me gusta, también a mí me tienta que los principios y finales de mis novelas se toquen de alguna forma, a veces hasta lo consigo.

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  11. Interesante disertación y también los comentarios, Julio. Leí tu Escritor caníbal y me gustó ese "bucle" que dices, la historia me absorbió de tal manera que había olvidado el comienzo hasta que llegué al final.
    Eso me sucedió también con El evangelio del traidor de Luis Hernaz, él salta de un tiempo a otro y en el mismo tiempo a diferentes escenas, hay novelas que se deben leer con mucha atención, o en todo caso, con la predisposición correcta. Las novelas de José Luis Palma se saltan todas las reglas, pero creo que solo se puede hacer conscientemente, es decir cuando sabes que existen. El resultado es fantástico.
    Espero algún día escribir novelas con inolvidables comienzos y finales excelsos, pero estoy en eso, en pleno aprendizaje.

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  12. Lo último que quisiera es que mi artículo, que pretendo ligero, se tome como algo más que mi opinión personal. Muy buena tu observación, Mercedes. Un principio que enlaza con el final tiene mucho de filosofía oriental: el futuro anticipa el presente.
    Y sí, Blanca, las reglas están hechas para vulnerarlas. La única que procuro mantener, dentro de mis posibilidades, es no aburrir al lector.
    ¿Aprendizaje? Ya quisieran muchos, y yo el primero, aprender con tan buenos resultados.

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  13. Siempre un placer leerte, pero ¡casi cuentas el final de tu libro, con lo bueno que es!
    Como soy una anticuada todavía no sé qué significa "en bucle" pero puedo decir que el principio de tu libro es estupendo y el final es buenísimo.

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  14. Espero no haber sido "spoiler" de mi mismo, Manuela. Sobre el bucle, he hecho una interpretación. Puede ser un rizo que se enrosca permanentemente o, en informática, algo que se repite sin cesar, como podría suceder con el libro de marras. Muchas gracias, una vez más, por tu simpatía.

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  15. Estoy leyendo El escritor caníbal y lo estoy disfrutando, ya te diré cuando lo termine...
    En cuanto a los principios y finales, estoy de acuerdo contigo pero creo que están sobrevalorados. Hay que captar el interés del lector desde el principio, pero no necesariamente con "trucos". Y el final, debe ser coherente con la historia.

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  16. Claro que sí, Lola. Si el libro es muy bueno y fluye como una corriente armoniosa, nace y desemboca con la misma limpieza que el caudal intermedio (¡toma frase!). En serio, también las portadas y los títulos están sobrevalorados, sobre todo en las plataformas digitales. Aquí desaconsejarían, por ejemplo, titular "Pedro Páramo" a esa gran novela corta.

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  17. Soy fan de las películas de Hitchcock y las de Billy Wilder, así que gracias por traérnoslas a la memoria. Por el momento me ciño a la regla de planteamiento, nudo y desenlace pero, con el tiempo y la experiencia, creo que me atreveré a improvisar. "La Metamorfosis" de Kafka, genial, aunque a mí se me atragantó "El Proceso", creo que intenté leerlo muy joven. Lo volveré a intentar porque me gustan los argumentos que enfrentan burocracia y sociedad. Leeré a tu escritor caníbal a la menor oportunidad. Una entrada muy entretenida, Julio. Felicidades.

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  18. Muchas gracias. De entretener se trata aquí, Mayte. No te tomes lo de las reglas al pie de la letra, aunque se quiera o no hay un principio, un desarrollo y un final. Sobre todo en novelas de intriga donde otro planteamiento despistaría mucho. Pero la libertad de escritura es lo primordial, siempre en mi opinión, que hay otras.

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  19. Llegó al final y casi todo dicho. Me gustó saber que que también te gustan los finales y los inicios enlazados. A mi hay otra cosa que me gusta aún más y que siempre me critican los finales abiertos. Me gusta dejarlos así para que la imaginación del lector vuele, pero no es fácil encontrar lectores que quieran hacer ese ejercicio. Prefieren cerrar el círculo y yo eso lo veo muy aburrido. Bueno alguna paridas personales de final de la noche. Me encantó Julio tu comentario.

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  20. También me gustan esos finales, María José. El lector siempre tiene trabajo suplementario: poner cara a los personajes, odiarles, amarles o quedar indiferente ante ellos, amueblar las habitaciones a su gusto... Un peligro.

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