jueves, 30 de enero de 2014

¿QUIÉN ES BORIS RUDEIKO?


Como si estuviese ensayado, en cuanto comencé a rasgar el sobre que contenía la información por la que había viajado a San Petersburgo, padeciendo un frío de mil demonios que no recordaba desde aquella misión en Polonia, se revolvió a mi lado.

El Confidente
Giré la vista hacia ella y contemplé casi toda su desnudez.

“¿Cómo se llamaba esta chica?”, pensé, meneando la cabeza. “¿Aleksandra? ¿Alisa? ¿Ania? Era algo con A”.

Rubia natural, de ojos azules casi transparentes que ahora permanecían cerrados (desearía que soñando conmigo), boca de labios sonrosados que se empeñaban en sonreír de medio lado con una mueca pícara y pico y eternas piernas como la de una saltadora de altura… su metro ochenta yacía de medio lado y no se me habría ocurrido siquiera tocarla.
Recordando lo que había ocurrido aquella noche en la habitación 330 del hotel Radisson, me convencí de que quien asegure que las mujeres rusas son frías, es que jamás ha conocido de verdad a una.
Con la sonrisa de un demente y haciendo un considerable esfuerzo, dirigí mis ojos de nuevo al sobre aún cerrado. Y sin embargo, recosté mi cabeza en los barrotes del cabecero de la cama y los cerré...

San Petersburgo, Saint Pete, como muchos de sus ciudadanos la llaman intentando dotarla de una calidez que a mi juicio no tenía, me recibió gris, inhóspita, cuando aterricé en Pulkovo. Con casi treinta grados bajo cero, la ciudad, el Neva y sus canales estaban congelados y los bordes de las aceras llenos de nieve sucia.
Sin embargo, convencido como estaba de encontrarme un sinfín de edificios de hormigón, de los que se empeñan en recordar el esplendor soviético, me sorprendió el surgir orgulloso de arquitecturas de estilo barroco y neoclásico. Y más aún cuando vi cara a cara construcciones majestuosas con el Hermitage, la fortaleza de San Pedro y San Pablo o la catedral de San Isaac, durante el par de días que traté de engañar como turista.
Con mil dificultades había conseguido pasar del aeropuerto a la ciudad. Veía una tras otra a personas que me observaban desde las esquinas, las ventanas, las tiendas. Creo que la mayoría eran agentes del KGB y me estaban esperando.
Al tercer día había quedado con mi contacto, un alemán llamado Frank Hermann, apellido que se me antojaba marca de calderas de gas, en el pub James Cook, cerca de la iglesia de la Resurrección.
Cuando entré, los pocos que ahí estaban dejaron de hablar y me miraron de soslayo. Me sentía en peligro. Aquella misión cruzando el telón de acero era de lo más arriesgado que había aceptado. Entonces un hombre de unos cincuenta y tantos años, rubio, alto, delgado, fuerte… alemán vamos, me hizo una seña para que me acercase.

─¿Cómo se dice “ama de casa” en ruso? ─me preguntó en voz baja y con un fuerte acento.
─Petra Tomalaescova ─le respondí, evitando con mi gesto evidenciar lo ridícula que me parecía aquella contraseña pactada.

Entonces alargó la mano y, con suma discreción, me entregó un sobre.
Miré a mi alrededor para comprobar si alguno de los presentes había visto el movimiento. Y me quedé con la sensación de que así era, sobre todo cuando uno que estaba sentado a cierta mesa salió a la calle a toda prisa, sin despedirse de la camarera que le había dicho “Do svidánia”. Le seguí con la mirada, cruzándome con los ojos de otros dos que me esquivaron tarde.
Fueron solo unos segundos, lo juro, pero suficientes para que Frank desapareciese. Me quedé perplejo, con el sobre aún en la mano. Estaba deseando largarme de allí, de San Petersburgo, de Rusia… y sin embargo, me descubrí pidiendo una cerveza en la barra, una Báltica número 7.
Nevsky prospekt
Entonces apareció ella, Anna… ¿o era Agnieszka? Mi memoria fotográfica estaba fallando. Solo sé que, después de beber cerveza y vodka, caminábamos por la Nevsky prospekt camino del Radisson.
La avenida estaba desierta y nos besamos en cada farola.   Fue en uno de aquellos maravillosos intercambios de ADN cuando me percaté del hecho de estar siendo seguidos por dos tipos con abrigo y gorro de piel.

─¡Lo sabía! ─exclamé, separando mis labios de los de Ananya.

Ella, que no hablaba español, me miró con sus dos pedacitos de cielo. Agarré su mano con fuerza y comenzamos a correr.
Tengo la impresión de que se dio cuenta de lo que ocurría, pues de repente ella tomó la iniciativa y me guió con soltura entre callejones, deteniéndome de vez en cuando para comprobar si surtía efecto su estrategia. Y debió ser así, pues en media hora estábamos deshaciendo la cama.
“Mañana me preocuparé de esos tipos”, recuerdo que pensé antes de recibir una de tantas manifestaciones de deseo de Anuva…

“Es hora de abrir el sobre”, me dije abriendo los ojos. Pero Aleina no estaba. Salté de la cama y me asomé a la ventana. Ni rastro de la Nevsky prospekt, ni de la nieve… ni rastro de Saint Pete. En su lugar reconocí la imagen que de Madrid se ve desde mi apartamento de soltero. Y en mis manos no tenía sobre alguno, sino mi Kindle en estado de reposo. Toqué la tecla correspondiente para ver qué era lo que estaba leyendo antes de dormirme y soñar con aquella ciudad helada y la cálida piel de Arina: Nevsky prospekt. Diario de un expatriado, de Boris Rudeiko, que según supe después, era el seudónimo ruso que Manuel Navarro Seva utilizaba cuando estuvo en San Petersburgo y comenzó a escribir los relatos contenidos en Sobre la sangre derramada, un seudónimo que cierto día reconoció haber comenzado a usar “porque me daba pavor firmar con mi propio nombre”, como él mismo me dijo.
Según tengo entendido, Manuel sigue utilizando su seudónimo como título de su blog y en la revista Prosofagia, de la que forma parte del equipo de redacción y en la que publica cuentos y artículos varios.
Me quedé frío, como si la temperatura de mi casa fuese de treinta bajo cero, como si estuviese en Saint Pete, como si ella se hubiese ido.

martes, 28 de enero de 2014

Un café con Leo (2)

Estoy en Barcelona, concretamente en el barrio de Sant Antoni, en la esquina de una de las antiguas rondas que delimitaban las murallas de Barcino. Hoy tomaré un café con la escritora Mercedes Gallego, alcacereña de nacimiento y catalana de adopción.
Me siento en la terraza de «Els tres tombs», uno de los bares más antiguos y emblemáticos del barrio. Pese a las remodelaciones de los últimos años, continúa siendo un bar con solera, un lugar único, donde el olor a patatas bravas y a empanado de croquetas se apodera de mi jersey.




Mi anfitriona se acerca con paso firme y mira hacia arriba para comprobar que está en la calle y el número correctos. Me localiza y abre los brazos, contenta de verme. No es de extrañar, claro.






Leo: Hola, Mercedes. Muchas gracias por acceder a tomar un café conmigo. Estoy impaciente por conocer algo más de ti.

Mercedes: El placer es mío, Leo. Me hace mucha ilusión charlar contigo.

Leo: Dime, Mercedes… ¿A qué te dedicas cuando no escribes? ¿Quién es Mercedes Gallego?

Mercedes: Si te dijera que siempre escribo no me creerías, pero tú debes referirte al hecho físico de teclear o coger la pluma y emborronar una libreta. En ese caso te diré que generalmente escribo por la mañana, pero en mi cabeza siempre están bailando los personajes de la novela en la que estoy trabajando; ellos se pelean, se meten en situaciones, hablan con extraños e invitan a otros personajes con los que yo no había contado. Son una tribu incontrolable.

Leo: ¿Cuándo te picó el gusanillo de la escritura?

Mercedes: Desde muy pequeña me gustaba construir libretas y escribir cosas en ellas. Recuerdo que iba a Radio Nacional con mi padre, me parece que con unos siete años, porque no había nacido mi hermano pequeño y… Uf, que se me va el hilo. Pues eso, iba a la Radio. Allí había unos papeles de color amarillo que usaban para copias de esas que se hacían con papel carbón. Mi padre me dejaba un montón y yo, grapadora en mano, me hacía una libreta; me regalaban un lápiz y desaparecía. No sabía escribir muy bien, como puedes imaginarte, pero dibujaba viñetas con algún personaje como los que leía en los tebeos de mis hermanos mayores y montaba mi historia.

Leo: Te has convertido en un referente de la novela policíaca en este país. La marca Mercedes Gallego está muy consolidada con el género. Tu novela El asesino del ajedrez ha tenido muy buena aceptación por parte de los lectores; tienes muy buenas críticas. Además, has escrito tres novelas de la serie Candela Luque. En todas tus obras, el protagonista principal es una mujer. ¿Cómo definirías tu obra?


Mercedes: Ante todo muchas gracias por eso del «referente», ya me gustaría, ya, pero no. Estoy ahí luchando por abrirme un hueco, cosa muy difícil porque hay muy buenos escritores a mi alrededor.
 En cuanto a lo del sexo de mis protagonistas, ¡faltaría más! Yo soy mujer y conozco mejor el mundo interior de la mujer. Me resulta más fácil plasmar lo que siente ante el fracaso o el éxito Ramona que un protagonista llamado Ramón. En el caso de Candela, tenía que ser mujer por necesidad porque parte de una experiencia personal y claro, los recuerdos son los recuerdos.
Mi obra la definiría como literatura de evasión, aunque la serie de Candela también tiene su punto reivindicativo porque no se ha hablado nunca de ese Grupo Especial y, aunque no ha sido muy importante, ha existido, pero la historia lo ha borrado.

Leo: ¿Experiencias personales? Eso quiere decir que… ¿en serio?, ¿trabajaste en la policía? Eso explica la credibilidad de las tramas de tus novelas. ¿Cuántos pedacitos de Mercedes Gallego hay en las protagonistas de tus novelas?
Mercedes: Parte de esta pregunta la he respondido ya. En Candela todos los pedacitos son míos, excepto la estatura, porque ella es alta y yo, ya ves, levanto lo justo del suelo para que no me pisen. Ahora bien, la novela policíaca te permite proyectar valores o ideologías y dar rienda suelta a tus ideales. Mis valores no han variado desde que era niña: tengo verdadera obsesión por la justicia, por la honradez y por una sociedad menos egoísta.


Leo: Dice mucho de ti, la verdad. Hoy en día, si no pisas a nadie, parece que tengas que morir aplastado. He tenido la oportunidad de leer una de tus novelas y sí detecté esos valores; supongo que los lectores también sabrán apreciarlo. Hablando de lectores, el contacto con ellos es algo muy gratificante para todo autor del siglo XXI. ¿Tienes contacto con la gente que te lee?

Mercedes: Mucho. De hecho la Saga de Ramona Cano no iba a serlo y se ha convertido en serie porque muchas personas me lo han pedido. Un personaje de esta Saga, Silvana, es muy querido por los lectores. Me siento muy honrada cuando alguien hace un comentario favorable de mis novelas, o cuando me escriben y me dicen que este o aquel personaje les gusta mucho.

Leo: No debe de ser fácil promocionarse siendo una autora independiente. ¿Qué dificultades te has encontrado en el camino de la edición independiente?

Mercedes: La verdad es que la promoción no es lo mío. Si no fuese por muchos compañeros que me echan un cable en este sentido, sería una perfecta desconocida. Las mayores dificultades para publicar en papel las he encontrado en la dichosa web de CreateSpace de Amazon, que es muy farragosa y encima está en inglés.

Leo: Y dime, Mercedes, ¿pasaste por la tortuosa experiencia editorial o te lanzaste a la piscina como independiente?

Mercedes: Probé con editoriales, pero no fue tortuosa la experiencia porque estaba convencida de que no me querrían. Empecé a publicar en Bubok y no vendí nada. Creo que fue a finales de 2011 o principios de 2012 cuando empecé con Amazon y estoy encantada. Claro que, como a todos, creo, me gustaría que una editorial confiase en mí, porque muchas personas todavía rechazan el formato digital, mi familia, sin ir más lejos. Además, la distribución no existe en Amazon si no es bajo demanda. Todavía no está muy extendida en España la fórmula de comprar por internet. Se va implantando, pero falta camino por recorrer.

Leo: Parece ser que muchos autores han renunciado al «vía crucis» que comporta ir de editorial en editorial. Los tiempos cambian y ahora parece que las editoriales buscan entre los talentos emergentes para «cazar» a sus nuevos bestseller. ¿Te apetecería que una editorial se interesase por tu obra? ¿Cualquier editorial?

Mercedes: Te he respondido antes. Sí me apetecería, pero no cualquier editorial. Eso ya lo he rechazado.

Leo: Dime, Mercedes, ¿en qué trabajas ahora? ¿Tienes alguna historia entre manos?

Mercedes: Trabajo en la segunda novela de Ramona Cano y en la cuarta de Candela.

Leo: ¿Dos a la vez? Estos escritores… Aún no han acabado una novela y ya tienen en la cabeza la trama de otra. ¿Te tomas la escritura como un trabajo?

Mercedes: Naturalmente. Por primera vez he conseguido unir lo que me gusta con mi obligación y es un verdadero placer. Claro que es un trabajo.

Leo: ¿Cómo organizas tu trabajo? Hay varios tipos de escritores, aquellos que planifican cada novela de una manera metódica y otros que permiten que sus personajes vayan moldeando la historia. ¿Tú qué técnica utilizas?

Mercedes: De todo un poco. Podría resumir la idea principal en media página: localización de exteriores (como en el cine), elección de la víctima y personalidad si es necesario, elección del culpable para que aparezca pronto y no ser truculenta, y poco más. Después, como escribo novelas de serie de forma habitual, los personajes se las apañan para ir construyendo la novela.

Leo: Explícanos algún secreto de tu día a día. Me ha sorprendido mucho que escribas por las mañanas. No sé la razón, pero siempre he creído que la novela negra solo se escribe bien por la noche.

Mercedes: Yo he cambiado mucho desde que escribo. Antes era nocturna, tal vez se deba a que vendía los días. Desde que son míos, escribo por la mañana y alguna tarde. Por la noche leo. A veces leo también toda la tarde, pero eso sí: para escribir necesito tiempo por delante. Los límites me exasperan en general, y me impiden escribir.

Leo: Has traducido al catalán El asesino del ajedrez. ¿Fue una demanda de los lectores o lo hiciste para ampliar tu abanico de público?


Mercedes: Lo hice porque creo que se lo debía a los catalanes, porque es una vergüenza que con los años que llevo aquí no sepa ni hablarlo. Francesca Bou se brindó a traducírmela, su cuñada, exprofesora de enseñanza en catalán, la corrigió y, por fin, la escritora Maria Català, que es miembro de la Asociación de Escritores en Lengua Catalana, accedió a leerla para perfilar los últimos detalles y crear un producto digno. Creo que ha quedado muy bien.

Leo: Se me está haciendo tarde, Mercedes. Tengo cita en el médico dentro de media hora y no me gustaría llegar tarde; no vaya a ser que en lugar de una radiografía me hagan una colonoscopia. Otro día quedamos por la tarde y nos tomamos unas cervezas y lo que surja.

Mercedes: (Risas y un guiño)

Leo: No me malinterpretes, Mercedes. Me refería a unas bravas o unas aceitunitas.

Tengo que aprender a controlar mis palabras y mi sex appeal. Le doy dos besos y observo cómo se aleja, tal como vino, mirando hacia arriba y buscando la parada de metro más cercana. Se la ha pasado de largo. En fin…
Mercedes Gallego, una mujer con una personalidad desbordante.


domingo, 26 de enero de 2014

El bibliotecario te pone al día de las novedades

NOVEDADES: PRESENTACIÓN DE LIBROS


Efectivamente, soy Leo. Sé que no me esperaban hoy aquí, pero me apetecía colarme en nuestra biblioteca particular para anunciar las últimas noticias y novedades. Sin ir más lejos y, para ir abriendo boca, empezaremos explicando que la novela Bajo los tilos de María José Moreno ya está disponible en papel en las principales librerías del país. Además, podemos adelantar algunos datos de las primeras presentaciones. 



La autora abrirá fuego la próxima semana, a las 20:00 horas, en la Librería Luque de Córdoba.




También os podemos avanzar que el próximo 27 de febrero tendremos otra presentación en la Librería Luces de Málaga. Y atención, en mayo, María José Moreno podría desembarcar también en Madrid. Aún no disponemos de más detalles, de modo que deberéis permanecer atentos a esta sección.






Lectores de diferentes puntos de España nos envían las primeras fotos de la novela expuesta en las grandes tiendas de libros. Desde aquí deseamos muchos éxitos a nuestra compañera.


Bajo los tilos ha sido una de las novelas más leídas en ebook durante el 2013 y parte del 2012. Este año, la obra de María José Moreno pretende convertirse en un fenómeno de ventas en las librerías españolas. Una Novela de sentimientos encontrados, dolor, angustia, felicidad, esperanza y reconciliación.  





NOVEDADES: PUBLICACIÓN DE LIBROS



En el capítulo de Novedades literarias nos hacemos eco de la publicación de una nueva novela del escritor y miembro del grupo AEI, José Luís Palma. Se titula El divorcio de Adán y Eva


Sinopsis

EL DIVORCIO DE ADAN Y EVA abre al lector un mundo que indaga en las profundidades de la condición humana. Un hombre y una mujer viven una aventura extraconyugal en un hotel “con encanto” tratando de profundizar en sus relaciones para, al mismo tiempo, alejarse de sus respectivos matrimonios extinguidos o a punto de terminarse. La novela conduce a sus cuatro personajes hacia una profunda reflexión sobre la dificultad que el paso del tiempo y la irreversibilidad del mismo establece en las relaciones humanas y en el desesperado intento que cada uno de ellos busca en el otro para recuperar una imposible felicidad. «El divorcio de Adán y Eva» narra la negación de un pasado cierto, la imposibilidad de un futuro esperanzador y pone al lector ante el precipicio de su propia vida.

La puedes encontrar en Amazon a un excelente precio. 



También estrena nueva obra el escritor y también miembro del grupo AEI, Francisco Gijón, quien nos sorprende con La tejera de las Xanas



Sinopsis
La continuación del exitoso Carbayón llega siete años después de la mano del autor y nos sobrecoge con aclaraciones y escenas que no aparecieron en la novela anterior. Obra imprescindible para los amantes del mundo celta y sus misteriosas leyendas en la región Astur. Esta historia gira en torno a la experiencia de uno de los principales protagonistas de la novela anterior: Floro Colomé, el que acabó abandonando el pueblo a lomos de la ballena Rosalía. Apasionante historia que nos aclara no pocas cosas sobre lo que sucedió en Moaña, el entrañable pueblo de Lorenzo, Silvia, Lardelo, el cura don Severiano, la ballena Rosalía, las sirenas y la isla Garela. Nuevos personajes y nuevas incógnitas, más magia y mucha ternura se dan nueva cita entre las páginas de La Tejera de las Xanas. Si le gustó El Carbayón, no puede perderse su segunda parte.

La encontrarás en Amazon en tapa blanda y en digital en Casa del Libro.

jueves, 23 de enero de 2014

El baúl de Lola: A vueltas con la autoedición


A día de hoy la autoedición ya no es un fenómeno novedoso. Es una realidad en el mundo literario actual, donde la proliferación de pequeñas editoriales y plataformas digitales como Amazon permiten que el sueño de publicar y codearse en las estanterías, tanto físicas como virtuales, con escritores de renombre, sea una posibilidad real al alcance de muchos autores  y pese a quien pese.


Sin embargo, todavía hay suspicacias, menosprecio y desvalorizaciones por parte del mundillo, llamémosle, cultural, ya sean editoriales (que ni comen ni dejan comer), colegas escritores o blogueros supuestamente entendidos en la materia. He llegado a leer en algún sitio de Internet que los autopublicados son escritores fracasados, rechazados por las editoriales y a los que no les queda otra salida.
Friedrich  Nietzsche

Incierto tanto lo uno como lo otro, como demuestra el éxito obtenido por muchos de ellos, mientras que otros han optado directamente por la autopublicación, sin intentar siquiera llamar a las puertas de ninguna editorial.

Quizá algunos deberían recordar que escritores de la talla de Edgar Allan Poe, Alejandro Dumas, Mark Twain o Ernest Hemingway, entre otros muchos, se vieron forzados a recurrir a la autoedición en sus inicios. ¿Alguien puede decir de ellos que sean malos o fracasados?

También Nietszche, tuvo que costearse de su bolsillo la publicación de una cincuentena de ejemplares de su celebérrima obra, Así habló Zaratustra. Y hay cartas de Dostoievski dirigidas a sus amigos en las que les solicita una pequeña aportación económica para poder sacar a la luz alguna de sus obras. Sin olvidar a Marcel Proust, que sufragó la publicación de En busca del tiempo perdido y Por el camino de Swan tras ser desestimado en una editorial por el mismísimo André Guide.
Ernest Hemingway

John K. Toole, autor de la magnífica novela, La conjura de los necios, optó por una solución más drástica ante la imposibilidad de ver su obra publicada y se suicidó.

Ahora, afortunadamente, no tenemos que llegar a esos extremos; ni siquiera vernos abocados a sufrir una depresión, porque en la época en la que nos ha tocado vivir las cosas son bastante más fáciles y hay otras opciones.

Felicitémonos por ello y demos tiempo al tiempo que acabará poniendo a cada uno en su sitio.





martes, 21 de enero de 2014

UN LUGAR, UN LIBRO






Descubriendo La Mancha; descubriendo a Don Quijote



Cada lugar en una novela es un espacio donde se percibe el entorno, y a partir de él se puede comprender al ser que lo habita.
La primera ciudad que me vino a la mente, relacionada con la literatura, fue París. El París de «Rayuela» de Cortázar, de «Los Miserables» de Víctor Hugo o de «Rojo y Negro» de Stendhal.
Me repuse pronto de este pensamiento para fijar mi objetivo en un lugar más cercano de cuyo nombre su autor no ha querido acordarse. No se me ocurre mejor forma de inaugurar esta sección, titulada «Un lugar, un libro», que explorando La Mancha de Don Quijote.

Como no tengo una máquina del tiempo, ni el Dr. Who tiene pensado pasar por aquí con su TARDIS (Time And Relative Dimensions In Space), he tenido que sacar la artillería pesada, en forma de enciclopedia dedicada a nuestro hidalgo, para traeros algunos apuntes sobre la vida y la sociedad de la España de Alonso Quijano, la misma España que siglos después haría de las aventuras de un loco soñador, honrado, inteligente y admirable orador, su libro más universal.

Allá se fue nuestro aspirante a caballero a principios del siglo xvii, vestido con la armadura de sus bisabuelos, dispuesto a encontrar un sueño idealista en campos castellano-manchegos, ávido de aventuras y heroicidades, en pos de una doncella en apuros o de bandidos y malhechores que asaltaban los caminos.

Salía a la aventura huyendo de la realidad doméstica.

Hidalgos, escuderos, cabreros, duques, doncellas, pícaros, galeotes, frailes, ventas, posadas y castillos son el reflejo fiel, aunque artístico, de aquella época.
El Quijote presenta, sobre todo, una visión social del ámbito rural, solamente interrumpida por el episodio de Barcelona, lugar donde nuestro hidalgo finalmente se verá reflejado en el demoledor espejo de la realidad.
La Mancha era una tierra de molinos de viento, labradores, pastores, tratantes de ganado y mercaderes de seda.

En cuanto a los caminos o los pueblos, es curioso que no se encuentre en toda la novela ninguna descripción, tan solo las emociones que vierten los personajes al evocar las referencias de cada lugar.
Sin embargo, sí sabemos que las ventas tienen un papel importante en la obra. Se describen como lugares poco confortables donde los venteros podían robarte hasta los calzones al menor descuido. Allí se reunían arrieros, caballeros, prostitutas, viajeros, cuadrilleros de la Santa Hermandad y todo cuanto cabía en el imaginario cervantino.

En el aspecto gastronómico, parece ser que Don Quijote no pasaba hambre, aunque sus escasos recursos no alcanzaban para grandes festines culinarios. Destaca en la novela la mención a la nutritiva olla podrida, que era una mezcla de verduras, carnes, aves, tocino, embutidos y todo lo que había a mano y que sirviera para dar un poco de sustancia al caldo.  

Vellones
Como sutil pincelada al aspecto económico, cabe destacar que un galeno ganaba 300 ducados, mientras que un barbero se llevaba al cincho 20 000 maravedís (53 ducados). Cada ducado equivalía a 375 maravedís y había monedas de medio ducado, de cinco, diez, veinte o cincuenta.
En el mercado se podía comprar un buey por 15 ducados, una ternera por 5 y un gorrino por 4. Sin embargo, estas no eran las únicas monedas en curso en tiempos del Caballero de la Triste Figura; también circulaban reales de plata, blancas, cuatrines, ardites, sueldos, vellones y otras muchas monedas que aparecen a lo largo de la novela.

En el contexto histórico, España vivía tiempos de declive. En un imperio en el que nunca se ponía el sol, comenzaban a divisarse las primeras sombras. Cervantes tendría su momento de gloria tras la victoria en la batalla de Lepanto, en la que participó y en la que perdería una mano. Volvió a casa curtido en el arte bélico a base de repartir estopa a los turcos, empecinados en dominar el Mediterráneo occidental. Años más tarde, el desastre de la Armada Invencible marcaría el principio de la decadencia de España como gran potencia, eso sin mencionar la interminable Guerra de Flandes, que consiguió vaciar las arcas de la Corona española y hundir la economía. Si a todo esto le sumamos la hambruna y la peste que asolaban por entonces aquellas tierras, tendremos un reflejo aproximado de lo que era la vida en tiempos de Miguel de Cervantes, tiempos de crisis económica y social que alentaban a la evasión de la realidad.

Nunca fue tan olvidado Cervantes y nunca nos ha hecho más falta que ahora. Son muy pocos los que pueden levantar la mano asegurando que han leído a nuestro Quijote. Su lectura no es obligatoria en la enseñanza secundaria, seguramente por eso de que «obligar traumatiza», aunque lo verdaderamente sangrante es que ni siquiera sea una lectura recomendada por el ministerio de Educación.


En casa siempre hemos tenido un tomo del Quijote, y recuerdo que de pequeña lo hojeaba solo por el hecho de que era el libro más voluminoso y el que más destacaba de cuantos había en la librería. Cuando crecí, me aventuré a zambullirme dentro de sus páginas, y descubrí la imagen entrañable de un viejo soñador cuerdo —«Yo sé quién soy»—, blanco de multitud de bromas y humillaciones, que aun así mantiene el ánimo y la ilusión que lo impulsaron a partir. La misma ilusión que su creador, porque, a fin de cuentas, en la literatura, como en otras cosas de la vida, nadie pone lo que no tiene. Cervantes fue un soldado en la guerra, sufrió cautiverio, soledad, fracaso y decepción. Con todo ello, dejó un legado a la humanidad en forma de genial parodia, de humor inteligente refugio de algunas almas desventuradas que, si se lo proponen, encontrarán entre sus páginas un analgésico ante los tiempos de desencanto social, político y cultural que, como al autor en aquella época, nos ha tocado vivir. 

Mayte F. Uceda

jueves, 16 de enero de 2014

HAS ESCRITO UN LIBRO. GENIAL. ¿AHORA QUÉ?



Creo que el espacio que me han otorgado mis compañeros de la AEI es muy interesante, me da la oportunidad de contar mi experiencia en este duro peregrinar del eterno «auxiliar» de escritor, que somos la inmensa mayoría. Además, es una ventana al mundo que me permitirá gritar los consejos que yo nunca tomé. Así me va.
Básicamente, es mi intención contar por entregas, a modo de consejos, lo que he vivido en primera persona desde que comenzara a escribir pensando en un posible lector.
El prólogo a todas mis recomendaciones lo repetiré una y otra vez. Es claro y conciso:
HAY TANTOS CAMINOS COMO ESCRITORES, MIS CONSEJOS SOLO TIENEN UNA MISIÓN ORIENTATIVA, LEELOS CON ATENCIÓN Y LUEGO OLVÍDALOS, TU EXPERIENCIA SERÁ ÚNICA. 
Convendría aclarar, siempre bajo mi punto de vista, que primero hay que «nacer» y luego «querer», no tengo constancia de que se haya dado el caso contrario. Tú por lo pronto has querido ser escritor, pero dudas de si has nacido para esto hasta dolerte. Tranquilo, nos pasa a todos.
Como ya has conseguido levantar una realidad paralela a la tuya juntando un mogote de palabras y sientes la imperiosa necesidad de comunicarla, estás viviendo la ansiedad propia de quien no sabe cómo. Tengo que decirte que has elegido un momento editorial confuso, para bien y para mal. Era mucho más fácil cuando el sendero se vislumbraba diáfano, aunque lleno de obstáculos. La opción era una, la tomabas o no. Ya se vería si después de tanto tropezar terminabas politraumatizado y con la absoluta seguridad de que este oficio no era lo tuyo, o escribiendo para tu santa madre, la única capaz de absorber tus letras y tu mermada moral. Hay que decir que algunos lo conseguían, es un hecho constatado.
Pero tu momento es otro, las opciones son tan diversas como débiles. Así que mi primer consejo es: resuelve este dilema.

Por mi parte, aquí te dejo las principales opciones conocidas:
* Me abro un blog, una página de Facebook y otra de Twitter para la promoción, a la que dedicaré al menos el treinta por ciento del poco tiempo que tengo para escribir. Después PAGO LA IMPRESIÓN DE EQUIS EJEMPLARES y me voy por las pequeñas librerías a calentarle la oreja al librero (pasa de las grandes, es una pérdida de tiempo). Aproximadamente uno de cada cinco mil consigue su propósito de llegar a una masa crítica de lectores, y claro, las ganancias son interesantes.
* Me abro un blog, una página de Facebook y otra de Twitter para la promoción, a la que dedicaré al menos el treinta por ciento del poco tiempo que tengo para escribir. Después ELABORO UNA LISTA DE LAS EDITORIALES QUE PAGAN, no que cobran, por publicar obras, y me pongo a la tarea de escribir una carta de presentación ¡magnífica! Como magnífica habrá de ser mi paciencia hasta obtener la respuesta de al menos el veinte por ciento de ellas. Pero yo no tengo prisa, el no ya lo tengo, y el resto de opciones siguen esperándome. Siempre aproximadamente y según las aspiraciones de cada cual, lo consigue uno de cada tres mil, me refiero a un contrato y posteriormente a llegar a esa masa crítica de lectores que nos hace pasar de «auxiliar» de escritor a escritor.
* Me abro un blog, una página de Facebook y otra de Twitter para la promoción, a la que dedicaré al menos el treinta por ciento del poco tiempo que tengo para escribir. Luego busco editoriales e INCLUYO LAS QUE OFERTAN COEDICIONES, puedo permitirme una inversión y sé que hay lectores deseosos de conocer mi historia, en cualquier caso no creo que pierda mucho. Me consta que sí, que la mayoría de los autores pierden mucho, pero es una posibilidad y dicen que para ganar hay que perder. Además, tú tienes capital de sobra para invertir en esta altruista empresa de engordar la ya vasta cultura de nuestro mundo. El contrato lo consigue el cien por cien (excepto despistados) y el «título» de escritor no más de uno de cada dos mil.
* Me abro un blog, una página de Facebook y otra de Twitter para la promoción, a la que dedicaré al menos el treinta por ciento del poco tiempo que tengo para escribir. A continuación me cuelo con un amigo cómplice en un sarao de famosos, ME ARRIMO A LA BELÉN ESTEBAN O AL KIKO MATAMOROS (según interese un sexo u otro), le digo a mi colega que me haga unas fotografías y me invento otra historia mucho más convincente que la que quiero en realidad promocionar. Eres un cuentista, esto no debe suponer un problema para ti. Eso sí, tu carrera de escritor será tan intensa como corta. A mí se me pasó el arroz, no podría ser la protagonista de una historia así ni de coña. La masa crítica de lectores está sobradamente asegurada y las ganancias son suculentas, pero nunca pasarás de aspirante a escritor, esto siendo muy benévola.
* Me abro un blog, una página de Facebook y otra de Twitter para la promoción, a la que dedicaré al menos el treinta por ciento del poco tiempo que tengo para escribir (de esta primera parte de cada opción no te vas a librar de ninguna de las maneras a no ser que te toque el gordo literario, o sea, un agente que pertenezca a esas especies en extinción que lo dan todo por su autor. Dicen que existen, incluso hay quien asegura haber visto uno, son algo así como el monstruo del lago Ness, salvando las diferencias) y opto por la AUTOPUBLICACIÓN DIGITAL. Bajo mi punto de vista, en estos momentos es la posibilidad más peligrosa y valiente, la más directa y absorbente, la más posible y competitiva, la que implica más futuro e incertidumbre. La que a mí me abrió las puertas y de la que hablaremos sobradamente en más ocasiones. Uno de cada diez consigue ser escritor si persevera en su trabajo, el tres por ciento consigue una masa crítica de lectores y la posibilidad de ser best seller y empezar a ganarte la vida con este oficio se multiplica notablemente con respecto al resto de opciones. 
Para la próxima entrega deberás haberte decidido por un camino u otro y será el momento de hablar de cómo presentar al lector tu obra.
Ha sido todo un placer, querido «auxiliar» de escritor.

Mercedes Pinto Maldonado


martes, 14 de enero de 2014

Caso abierto: ¿Quién es?



Me tocó lo negro del blog, me lo temía. Por otra parte, para qué negarlo, estoy en mi elemento. Os voy a plantear un problema a ver si sabéis reconocer al autor o autora, que no me gusta la arroba para englobar los géneros ni la barra con a/o, que parece un quebrado y bastantes quebraderos de cabeza nos da ya el tema, que hasta ha llegado a protagonizar una ley y todo. ¡Ah!, y también tenéis que adivinar el título de la novela, claro.

Bueno, pues ahí voy.

«La señora Fernández murió la noche del 16 al 17 de septiembre, un jueves. Me enviaron a buscar a las ocho de la mañana del viernes 17. Mi presencia no sirvió de nada. Hacía horas que había muerto.
Regresé a mi casa unos minutos después de las nueve. Entré y me entretuve adrede en el vestíbulo, colgando mi sombrero y el abrigo ligero que me había puesto como precaución por el fresco de las primeras horas de un día otoñal.
En honor a la verdad, diré que estaba muy inquieto y preocupado. No voy a pretender que preví entonces los acontecimientos de las semanas siguientes, pero mi instinto me avisaba de la proximidad de tiempos llenos de sobresaltos y sinsabores.
Del comedor, situado a la izquierda, llegó a mis oídos un leve ruido de tazas y platos, acompañado de la tos seca de mi hermana Cristina.
—¿Eres tú, Jaime? —preguntó.»

Un comienzo clásico de novela que nos revela una muerte. Y aquí me permito reflexionar sobre la importancia del género en el que se encuadra la novela. Si hubiéramos elegido una de aventuras, al conocer la muerte de la señora Fernández, la mayoría pensaríamos que había fallecido buscando un manuscrito o un tesoro oculto. En una romántica, la imagen nos llevaría a querer conocer de inmediato su edad, si dejaba viudo de buen ver o hijos desconsolados. En la novela contemporánea de corte intimista y cargada de páginas, pensaríamos en la herencia que dejaba, en esa empresa familiar, esas tierras llenas de campesinos agradecidos, o no tanto. Pero como yo me muevo en el género policiaco, que no negro, y de eso hablaremos algún día, os diré que es el comienzo de una novela muy conocida, la mejor de su autora según los entendidos. He cambiado los nombres para no dar pistas.

Insisto en la importancia del género porque no se puede ni se debe engañar al lector. He visto en Amazon novelas clasificadas como policiacas o negras, que es la categoría que el autor o la editorial asigna y me ha decepcionado comprobar que no lo son. El hecho de que haya uno o varios muertos no quiere decir que se encuadre en este género. Hablaré de ello otro día, ahora lo que importa es empezar el juego. Lo malo es que ahora con Google, pones un trozo y te dice de quién es la obra… Así no se puede jugar. También me parece mal cambiar el estilo para despistar al buscador por excelencia, porque entonces también os despistaré a vosotros, queridos lectores. Venga, pongo otro trocito a ver qué pasa.

«Antes de continuar relatando mis conversaciones con Cristina, quizá sea conveniente dar una idea de nuestra geografía local. Nuestro pueblo, Alcázar de San Juan, supongo que es muy parecido a cualquier otro. La ciudad más cercana es Ciudad Real, situada a cien kilómetros de distancia. Tenemos una estación de ferrocarril grande, una oficina de correos pequeña y dos tiendas competidoras que venden toda clase de productos. Los hombres aptos acostumbran a dejar la localidad en la juventud, pero somos ricos en mujeres solteras y oficiales retirados. Nuestros pasatiempos y aficiones se resumen en una sola palabra: cotilleo.»

¿De qué obra estamos hablando?

No habrá sorteo. Todo el que adivine la obra y la autora, porque van unidas, recibirá un ebook de una de mis novelas, la que quiera de las que tengo a la venta en Amazon.

Bueno, va, un poco más, que no se diga…

«Aquel mismo día estaba destinado a recibir una nueva prueba del éxito de la táctica del detective. Su método estaba inspirado en su profundo conocimiento de la naturaleza humana. Una mezcla de temor y de remordimiento había arrancado la verdad a la señora Alcántara. Fue la primera en reaccionar.
Por la tarde, cuando volví de mis visitas a los enfermos, Cristina me dijo que Gregorio acababa de irse.
—¿Quería verme? —pregunté, mientras colgaba mi abrigo en el vestíbulo.
Cristina revoloteaba a mi alrededor.
—Quería ver al detective. Llegaba de la ciudad. Había salido. Ramón pensó que tal vez estaría aquí, o que tú sabrías dónde encontrarle.
—No tengo la menor idea.
—He intentado hacerle esperar —añadió Cristina—, pero me ha dicho que quería volver a la ciudad dentro de media hora y se ha ido al pueblo. Es una lástima, porque el detective regresó exactamente un minuto después de irse Ramón.
—¿Ha venido aquí?
—No, ha entrado en su residencia.
—¿Cómo lo sabes?
—Le he visto por la ventana lateral —explicó Cristina.
Creía que el tema estaba acabado, pero mi hermana no era de la misma opinión.
—¿No vas allá?».

Y no digo más, que si no tendré que enviar miles de ebooks.
En mi próxima entrada, suponiendo que no lo haya acertado nadie, algo improbable, revelaré de quién se trata, pero en cualquier caso, dedicaré mi espacio a profundizar sobre el autor (uso el masculino como genérico y que ninguna feminista se lleve las manos a la cabeza).