viernes, 27 de diciembre de 2013

OBJETIVO: LOLA MARINÉ

Eran las 17:21 h. cuando el AVE en el que viajaba de Madrid a Barcelona se detuvo en la estación de Sants.
El Confidente
Durante el trayecto había repasado mentalmente los pasos que seguiría para que mi misión concluyese en éxito, uno más que acumular a la larga lista de trabajos bien hechos que me han mantenido durante dos años en la élite de los informadores.
Busqué un taxi e indiqué al conductor la dirección a la que deseaba dirigirme. Entonces consulté mi reloj y, seguro como estaba que ella mantendría su rutina, solicité que diese una vuelta por los alrededores del Camp Nou, el estadio de mi equipo favorito, antes de tomar la Diagonal para dirigirnos al centro.

Encontré una ciudad bulliciosa. Los últimos cuarenta o cincuenta minutos de luz natural que restaban contemplan el ir y venir de centenares de personas que se movían nerviosas, como si la mayoría hubiese dejado para el final las compras navideñas.
Tanteé con la mano el dispositivo electrónico que guardaba en un bolsillo interior de mi trenca, una de las tres únicas armas que necesitaría aquella tarde.

—¿Qué? ¿De turismo? —preguntó el taxista, sacándome de mis cavilaciones.
—En realidad, solo una visita rápida —le contesté—. Esta misma noche regreso a Madrid.
Mientras la conversación se tornaba intrascendente, de pura cortesía, llegamos al destino.
—Aparque aquí y espere —le indiqué.
Volví a mirar el reloj y sentí cómo la adrenalina empezaba a apoderarse de mí. Era una sensación que me excitaba, un salto al vacío que generaba un maravilloso vértigo.
Y con solo un minuto de “retraso”, se abrió la puerta del portal y apareció ella. Iba abrigada sabiendo que caería la noche y la temperatura antes que regresase a casa. Detuvo un taxi y la perdí de vista.
—Siga a ese coche, por favor.
Mi conductor obedeció, mientras atrapaba su mirada fugaz a través del retrovisor. Pero no dijo nada.
Estuvimos callejeando alrededor de quince minutos hasta que su taxi se detuvo enfrente del Café de L’Ópera, en plena Rambla, un exquisito local a medio camino entre el Neoclasicismo y el Modernismo, que según me dijo mi taxista, era uno de los cafés más populares de la ciudad.
—Regreso en un minuto. No se vaya —le dije, saliendo al exterior.

Aunque no pude verlo, estoy seguro que consultó el contador para ver cómo sería de grande la faena que le haría si echaba a correr dejándole plantado. Pero nada más lejos de mi intención.
Me asomé brevemente a los cristales de la puerta para comprobar que Lola se sentaba junto a un grupito de personas dispuesta a disfrutar de una buena tertulia, casi seguro que literaria, como tenía por costumbre hacer.
Lola Mariné, escritora
Sonreí y regresé al taxi.

—¿Va todo bien? —me preguntó nada más entrar.
—¡Claro!
—¿Y ahora?
—Regresamos a la dirección que le di.

Otra vez su mirada. Pero poco me importó. La misión se estaba cumpliendo con total exactitud. En unos minutos me despediría de él y jamás volveríamos a vernos.
Llegué a la puerta del portal. Esperé que mi taxi desapareciese entre el tráfico aumentante y utilicé para entrar en él una llave que días antes, mientras preparaba la operación, había conseguido tomar prestada a una vecina despistada.

Recordé la primera vez que lo hice. El corazón se me salía del pecho. Ahora, sin embargo, latía con absoluta normalidad. Una cerradura, mi segunda arma y yo. Ni siquiera resistió veinte segundos.

“Alguien debería decirle que mejorase la seguridad de su casa”, pensé, y me introduje con sigilo en su interior.

La luz proveniente de la calle fue suficiente para colocarme sin dificultad delante de su ordenador, que encendí después de haberle conectado mi aparatito.
Accedí a su cuenta de Amazon con la inestimable ayuda del dispositivo, que esquivó su contraseña. Y ahí estaba todo su trabajo: Gatos por los tejados, Nunca fuimos a Katmandú, Habana Jazz Club y una cuarta obra que me sorprendió, pues desde luego no es el género en el que ella se movía habitualmente.
Utilizando un seudónimo que no parecía español, había escrito y publicado una novela erótica... no, no, mucho más que erótica, a juzgar por lo que leí.

Atrapado por la curiosidad, accedí a los informes de ventas de esta obra en su KDP y descubrí las cifras: en su primer mes a disposición del público había vendido 500 ejemplares en Amazon.com y 300 en Amazon.es, "casi ná", que decimos en mi tierra.

Sería por haber ocultado su verdadera identidad utilizando un nombre “extranjero” o por estar de moda este género desde que medio centenar de sombras se perdiesen por todo el mundo, el caso es que Lola Mariné había roto todos los esquemas.

De vuelta a Madrid en el AVE, entré con mi móvil en Amazon y descargué la novela pagando su precio... que yo soy Dente, Confi Dente, un tipo legal.

31 comentarios:

  1. Muy bueno, deseando saber más secretos...

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    1. Jeje... de las cosas que se entera El Confidente...

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    2. Permanece atenta a la pantalla, Judith. Y ten cuidado con tu ordenador...
      Muchas gracias. Un beso.

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  2. Eso es un secreto de estado, ahora faltaría saber el título. No esperábamos menos de ti, confidente.

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    1. Antes muerta que desvelar el título!
      Aquí se dice la pecadora, pero no el pecado ;)

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    2. El confidente es un hombre de palabra, Josep. Ni torturándome lo sacarías... ¿o es que no tengo ni idea? No sé, no sé.

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  3. ¡Yo también quiero saber el título! No seas mala Lola...
    Felicidades al confidente por su descubrimiento y a Lola por ese éxito bajo seudónimo que me encantaría leer.

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    1. Muchas gracias, Mayte. Fue un gran trabajo gracias a mi "víctima". Besos a las dos.

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  4. Que no, que no te encantaría, Mayte, que me ha salido muy guarro y tú eres madre de familia! jajaja!

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    1. Eso Lola. Ya sabes que solo puedes confiar en mí...

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    2. No sé, Eduardo, si te cuelas en mi ordenador en cuanto me doy la vuelta...

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  5. Dios mío Lola, no esperaba eso de ti. Y encima 500 y 300 grrrr que envidia. Vaya con el confidente pues nos ha saludo fino 😉

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    1. Fíjate en mi foto de cuerpo entero, María José. Fino, fino.

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  6. Vaya informador "espía" que estás tu hecho "confidente", nos develas un secreto, que digo yo, ¡medio secreto! y te quedas tan pancho... pues no, no sería yo quien contratara tus servicios... no señor. Ja,ja,ja,ja,ja,ja

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    1. No, Frank. Pero puede que alguien me pague bien y tú seas la víctima. Así que vigila tu espalda.
      Un abrazo, amigo.

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  7. ¿Se dice el pecado pero no el pecador? ¿Es pecado escribir cosas "más que eróticas"? ¿Si es pecado, dará la absolución el Papa Francisco a Lola en audiencia privada ? ¿Firmará Lola un ejemplar al Papa Francisco? Las preguntas se agolpan en mi mente, confidente.

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    1. Tomo nota, Julio. Quién sabe si pagando un buen precio se consiga destar las lenguas, incluyendo la mía... Acepto sugerencias.
      Un abrazo, compañero.

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    2. Pues igual le gusta al Papa ese que es tan moderno, Julio, porque en la novela no se libra ni el clero ;)

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  8. Una historia que me ha tenido en ascuas hasta el final. Ahora lo que queremos todos es saber el nombre de esa criatura de Lola, aunque sea más que erótico. Por curiosidad, ¿cuánto te cobró el taxista?, jaja.

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    1. En cuanto le dije que era del Barça, la cosa fue sencilla, Manuel. Además, todos los gastos, incluyendo mi tarifa como informador, corren a cuenta de mi cliente... o jefe, según se mire.
      Un abrazo, profesor.

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  9. Muy buena historia, Lola. Aprovecho para desearos felices fiestas.

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    1. Felices fiestas, Juan Luis. Me alegra verte por aquí.

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  10. En cuanto a tu novela erótica, tendré que investigar en Amazon, je je.

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  11. Me ha gustado mucho el texto. Desde luego no me equivoqué al seguir el blog pensando que prometería.

    ¡Seguid así, equipo! :D

    Ah, y te has lucido, Confidente. =)

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    1. Muchas gracias, Adri. Te aseguro en nombre de todos los que formamos parte del equipo AEI que nos dejaremos el cerebro en el intento de que este no sea un blog más. Un abrazo.

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  12. Muy bueno este relato, Lola. Me has dejado en ascuas. Jo, ¿no puedes decirnos el seudónimo? Yo también soy una "tipa" legal, y discreta, prometo pagar y callar. ;) ¡Me ha encantado!

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    1. La cosa está dura, Mercedes... quiero decir difícil, (que con esto que ha hecho Lola al Confidente se le va la cabeza). Besos, guapa.

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  13. Jajaja! Es que me da vergüenza, Mercedes. Se me fue la pluma...

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    1. El día que decidas hacerlo público, ya sabes que el Confidente puede ser tu aliado, Lola...

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